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Por qué dormir mucho, poco o mal perjudica nuestro corazón

Apnea del Sueño – Causas, síntomas y tratamiento de la Apnea del Sueño

Descubre todo sobre la Apnea del Sueño. Hay personas que, además de roncar, sufren de manera repetida pausas de respiración cuya duración puede ser variable

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Dormir mucho, o muy poco, aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón – Noticias de enfermería y salud

Dormir mucho, o muy poco, aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón - Noticias de enfermería y salud

MARINA VIEIRA.-  Incluso para aquellos que no fuman y realizan ejercicio a diario y no tienen predisposición genética para tener problemas cardiovasculares, dormir poco o demasiado puede aumentar el riesgo de ataque al corazón. Así lo demuestra un nuevo estudio de la Universidad Boulder de Colorado en el que han participado medio millón de personas. La investigación, publicada en la última edición del Journal of the American College of Cardiology, también ha descubierto que para aquellos que tienen un alto riesgo genético de ataque al corazón dormir entre seis y nueve horas al día puede reducir ese riesgo. «Esto proporciona una de las pruebas más sólidas de que la duración del sueño es un factor clave cuando se trata de la salud del corazón, y esto es válido para todos», explica la autora principal Celine Vetter, profesora asistente de Fisiología Integrativa.

Para el estudio, Vetter y el resto del equipo de investigación del Hospital General de Massachusetts y la Universidad de Mánchester, analizaron la forma genética los hábitos de sueño autoinformados y los registros médicos de 461.000 participantes del biobanco de Reino Unido de 40 a 69 años que nunca habían sufrido un ataque cardiaco a lo largo de siete años. En los resultados del estudio se observó que aquellos que, en comparación con aquellos que dormían de seis a nueve horas por la noche, dormían menos de seis horas tenían un 20 por ciento más de probabilidades de sufrir un ataque cardiaco durante el período de estudio. También determinó que aquellos que dormían más de nueve horas incrementaban en un 34 por ciento sus posibilidades de desarrollar un ataque al corazón. Además, cuando los investigadores centraron su estudio en personas que tenían predisposición genética a esta patología descubrieron que dormir entre seis a nueve horas cada noche podía reducir su riesgo en un 18 por ciento.

“Se puede interpretar como un mensaje de esperanza el hecho de que independientemente de lo que hayamos heredado, dormir un número saludable de horas al día puede reducir el riesgo de sufrir un ataque al corazón en la misma medida que una buena alimentación, no fumar u otros hábitos saludables”, afirma Iyas Daghlas, otro de los investigadores, en este caso de Harvard.

No es la primera vez que un estudio establece una relación entre el sueño y la salud del corazón pero a diferencia de este, esos estudios fueron observacionales, centrándose en diferentes grupos para ver quién desarrolla la enfermedad y por eso en otras ocasiones ha sido difícil determinar si un sueño deficiente causa problemas cardíacos o viceversa. Los autores tienen la esperanza de que estos hallazgos aumenten la conciencia sobre los beneficios del sueño para mantener una buena salud cardiaca. “»Así como hacer ejercicio y comer sano puede reducir el riesgo de enfermedades del corazón, el sueño también puede hacerlo», concluye Vetter.

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Montse Parada

Montse Parada @avogeles

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Nunca he sido trasnochadora. Si salgo a cenar y se alarga la velada, estoy mirando el reloj cada dos minutos para irme a casa». Si no, se le pasa la hora, como se suele decir. Julia Campos, bilbaína a punto de estrenar la treintena y dedicada al negocio de la estética, es una de esas personas catalogadas como ‘long sleepers’, una «dormilona», vaya. «Me acuesto a las diez y media como tarde y me levanto entre las ocho y las nueve de la mañana. El fin de semana no perdono la siesta». Se las echa a veces de hasta tres horas, lo que no le impide conciliar el sueño por la noche. Confiesa que, en ocasiones, después de dormir «del tirón» 11 horas o más se levanta «un poco aturdida» e incluso ha llegado a despertarse con «dolor de cabeza». Habrá quien, leyendo estas líneas, piense que bien cambiaba un dolorcillo de cabeza por dormir una noche seguida. Aunque la madre de Julia siempre le ha dicho que «dormir tanto no puede ser bueno». Y algo de razón tiene.

«Lo normal en una persona adulta joven es dormir entre 6 y 10 horas –entre 7 y 9, lo recomendado–. Una duración de sueño mayor o menor de ese rango no es saludable. Y dormir muchas horas puede tener un impacto en la calidad de vida tan negativo como el insomnio», zanja la duda Javier Puertas, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Valencia y vicepresidente de la Sociedad Española de Sueño (SES).

Ese abanico de horas se refiere a personas de entre 24 y 64 años –los niños necesitan más horas y los mayores menos–, lo utilizan especialistas de sueño de todo el mundo y lo ha fijado la National Sleep Foundation».

– Fuera de esos márgenes, parece que dormir 11 horas es más beneficioso que 5. ¿Es así?

– No, ambos se asocian a problemas de salud a largo plazo.

– Y dentro del abanico recomendado, ¿son igual de saludables ambos extremos, o es mejor dormir 10 horas que 6?

– No es mejor ni peor. Dentro de lo que se considera normal hay diferentes tipos de dormidores. Según la duración, hablamos de dormidores largos y dormidores cortos; y, según la hora de acostarse y levantarse, se identifican cronotipos vespertinos –búhos– y matutinos –alondras–. Por ello, hay gente que con 6 horas se levanta despejada y funciona estupendamente todo el día, y otros que necesitan 10.

Fuera de estos máximos y mínimos es donde asoman los problemas. Aunque hay que distinguir la cuestión cultural y social de la enfermedad. «Los españoles somos muy noctámbulos y difícilmente llegamos a dormir 7 horas diarias. A las doce de la noche es raro que esté media España dormida, como debería. La prueba es que a esas horas emiten programas y series que tienen mucha audiencia, así que más bien nos vamos a la cama después. Y la mayoría se despierta a las siete». Así que tenemos «muchos adultos y niños con falta crónica de sueño porque se acuestan tarde».

Otra cuestión diferente es la somnolencia diurna derivada de un trastorno de sueño. Aunque casi siempre se habla del insomnio, de los problemas que acarrea no poder domir más que unas pocas horas, la otra cara también existe: gente que duerme demasiado, 11 o 12 horas, o que se duerme en cualquier parte durante el día. «Esto no es en absoluto una rutina saludable, más bien puede expresar una deuda crónica de sueño, una apnea obstructiva del sueño o enfermedades neurológicas que muestran un sueño alargado por la noche o una somnolencia diurna excesiva. Este último grupo se conoce como hipersomnias centrales y son causadas por alteraciones del sistema nervioso que regulan el sueño y la vigilia». Estas son las principales enfermedades asociadas a esa necesidad de dormir más.

Es muy llamativa y la asociamos con las imágenes que hemos visto en programas de televisión de personas que caen en un sueño profundo de manera repentina, mientras viajan en autobús o caminan por la calle, como si hubieran sufrido un desmayo sin causa. «La narcolepsia es una enfermedad rara, pero más frecuente de lo que pensamos. Tiene una prevalencia similar a la esclerosis múltiple, aunque es menos conocida y hay cierta caricaturización en torno a ella», explica el doctor Puertas en referencia a esos episodios tan extravagantes. «La enfermedad se suele manifestar en la adolescencia y se debe a la pérdida de neuronas de una región específica del cerebro encargada de mantener la vigilia y la alerta. Lo que deja a la persona en una situación de vulnerabilidad que hace que caiga en episodios de sueño súbitos, habitualmente de corta duración y refrescantes». Aunque es difícil luchar contra ellos, algo se puede hacer. «Normalmente el paciente tiene cierta sensación previa de que se está durmiendo. Hay pacientes que, durante el trabajo, tienen que ir al baño para poder dar una cabezada, y otros que incluso se llegan a poner una aguja en el dedo para no quedarse dormidos». Estos episodios suceden en momentos en los que no es habitual dormirse, de ahí que sea una patología: «En conferencias, en clase, conduciendo…». Porque no, no es normal dormirse en clase, insiste el especialista. «Actualmente se estima que hay diagnosticadas en torno a cuatro personas de cada 100.000, pero la prevalencia estimada es de diez veces más»..

El otro síntoma característico de esta enfermedad es la cataplejia: «Accesos de debillidad muscular parcial o generalizada desencadenados por emociones, especialmente la risa, y que pueden hacer que el paciente se caiga o pierda la estabilidad sin que se duerma ni pierda el conocimiento».

«Como los síntomas son bastante inespecíficos y la intensidad de estos episodios es muy variable (nos puede parecer ‘normal’ quedarnos dormidos en la primera clase de la mañana, pero no nos lo parece tanto hacerlo en un concierto o en una reunión con amigos), mucha gente no se da cuenta de que sufre la enfermedad».

Lo que también contribuye a esa confusión es que los pacientes narcolépticos, lejos de ser dormilones empedernidos, «no tienen problema en levantarse a las pocas horas de sueño o tras cabezadas cortas, y hacerlo despejados», lo que se antoja una contradicción respecto a esos accesos de sueño diurnos.

«Se caracteriza por una necesidad de alargar las horas de sueño todos los días y no tiene una causa conocida». Algo que no tiene nada que ver, advierte el portavoz de la Sociedad Española de Sueño, con dormir más el fin de semana. «Si estás varios días durmiendo 5 horas, es normal que el domingo alargues más de la cuenta el tiempo de sueño, pero al día siguiente volverás a las horas habituales, 7, 8…». El problema es cuando el cuerpo te pide 10, 12 o 14 horas todos los días. «No se sabe por qué sucede, pero una de las hipótesis es que podría deberse a un exceso de neurotransmisores inhibidores del sistema nervioso. Al producir su cerebro más cantidad, tienen sueño. Y en esto tiene cierto peso la genética», advierte.

Es la tercera enfermedad relacionada con este tipo de alteraciones del sueño por exceso. «Es el menos frecuente de los tres y se da con mayor frecuencia en chicos que en chicas. Normalmente afecta a varones jóvenes y se traduce en accesos de 16 o 18 horas de sueño diarias, o incluso más, durante varios días seguidos (de tres a seis). Durante ese periodo no hay manera de despertarles y cuando lo hacen, para ir al baño, comer o beber, suelen estar aturdidos y ausentes. «En esos breves despertares suelen comer de forma desmesurada, quizá en un rato comen el equivalente al menú de dos días; otro rasgo de estos pacientes durante los episodios es la alteración del comportamiento con desinhibición sexual», explica el experto. En el tiempo que duran estos accesos –que se repiten de dos a cuatro veces al año–, «no están en una situación de conciencia plena». Una vez pasado el episodio, «hacen vida normal». El origen de esta enfermedad es desconocido, «pero se cree que pueda haber algún tipo de inflamación autolimitada a nivel de algunas áreas cerebrales».

Obviamente el término ‘borrachera de sueño’ no es el nombre científico (se llama ‘inercia de sueño’y suele asociarse especialmente a la hipersomnia idiopática), pero resulta ilustrativo: «Hay gente que, cuando le suena el despertador al cabo de 8 horas, se siente como si solo hubiera dormido 2 o 3. De hecho, se tienen que poner dos o tres despertadores: uno en la mesilla, otro al lado de la puerta de la habitación y otro en el pasillo para obligarse a levantarse a apagarlos; de lo contrario, lo apagarían de forma automática y seguirían dormidos de nuevo. Son gente a la que en casa siempre les tenía que despertar su madre para ir al colegio o a trabajar». Ocurre esto, según explica el especialista en sueño Javier Puertas, «porque en la hipersomnia idiopática el cerebro sigue profundamente dormido incluso tras un número de horas de sueño suficientes y tiene dificultad para despertarse por completo». Y no tiene ‘cura’.

referencia :
www.iis.es
diarioenfermero.es
www.avogel.es
www.elcorreo.com

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