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Lupin: el origen literario de la serie de Netflix

La historia detrás de la versión colombiana de Lupin de Netflix

La serie de Netflix de la que todos hablan no ha sido ajena a la pantalla nacional. Se hizo en 1973. | Cine y Tv | ElTiempo.com

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El origen de Lupin, el ladrón que ha inspirado tantas obras de ficción

Lupin es ya todo un clásico que ha inspirado todo tipo de obras de ficción a lo largo de muchas décadas. Pero…¿Cuál es el el origen de este fascinante ladrón?

El origen de Lupin, el ladrón que ha inspirado tantas obras de ficción

Antes de entrar a hablar del origen del ladrón Lupin, está claro que hay un buen número de personajes que ya se han convertido en mitos e iconos inamovibles de nuestro panorama cultural y han dado lugar a todo tipo de encarnaciones. Sherlock Holmes, James Bond, Drácula… todos ellos han tenido numerosas adaptaciones a la pequeña o gran pantalla, y algunos con giros impresionantes a sus tramas principales, o incluso planteándonos cómo serían sus historias en un escenario completamente diferente. 

En el mundo de los robos y el guante blanco también tenemos varios personajes estrella, claro. Pero hoy en concreto vamos a hablaros de Lupin, un ladrón de lo más interesante que ha servido de inspiración para todo tipo de obras de ficción. De hecho, el comienzo de año ha venido calentito para los mitos de Lupin, ya que este mes han llegado a nuestro país tanto Lupin, la serie francesa de Netflix protagonizada por Omar Sy, como Lupin III: The First, una nueva película de anime basada en el manga del legendario Monkey Punch y que se estrena hoy en nuestras salas de cine.

Para irnos al meollo de todo el asunto tenemos que remontarnos a 1905, cuando se se comenzaron a publicar las aventuras de Arsène Lupin, un ladrón y caballero, en la revista francesa Je sais tout de la mano de Maurice Leblanc. El personaje comenzó su andadura literaria con una serie de aventurillas cortas, que después fueron recopiladas en pequeños tomos, dando pie a un buen número de novelas e historias mas largas, con hasta 24 libros publicados protagonizados por el Lupin de Leblanc e incluso varias obras de teatro oficiales.

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El escritor no pudo elegir un mejor momento para presentar a su personaje, ya que apenas unos meses antes de la publicación de la primera historia de Lupin, tuvo lugar el juicio contra Marius Jacob, un obrero anarquista que había realizado más de 150 robos tanto en Paris y alrededores como en el extranjero. El arresto y juicio de Jacob tuvo en vilo a la sociedad francesa, con la prensa echando más leña al fuego y alimentando el escándalo. Este ladrón se convirtió en todo un ídolo de masas, ya que por lo visto tenía un gran sentido del humor y mucha empatía y generosidad hacia sus víctimas. 

Gracias a lo popular que se había vuelto la figura de Jacob, una multitud de personas llegó a manifestarse a su favor, con lo que el ladrón consiguió escapar de la guillotina. Los métodos de Jacob, al igual que su personalidad, fueron uno de los puntos clave para que Maurice Leblanc creara a su Lupin, con quien además intentó replicar el éxito que había tenido Arthur Conan Doyle con su Sherlock Holmes al plantear casos de lo más sesudos en forma serializada.

De hecho, la relación entre Lupin y Holmes fue más allá, ya que Leblanc era un gran fan del detective británico así que decidió incluirlo en sus propios relatos, creando ya de paso el crossover definitivo del momento. La cosa no hizo mucha gracia al otro lado del Canal de la Mancha y Doyle recurrió legalmente, con lo que el nombre del detective pasó a ser «Herlock Sholmes» en la reedición de la primera historia y en posteriores relatos (¡toma agujero legal!).

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Las aventuras de Lupin se convirtieron en todo un éxito, puesto que los elaborados robos mantenían al público en vilo y el personaje en sí era muy atractivo, ya que aunque técnicamente era un criminal, no era un personaje malvado y todos sus adversarios eran villanos mucho más terribles que él.

Además, Lupin no era un «vulgar» ladrón de calle. Era todo un caballero refinado, con monóculo y sombrero de copa, con nociones de esgrima, medicina y derecho, que también sabía de lenguas antiguas e incluso prestidigitación y jiu-jitsu y tenía un intelecto superior que le permitía resolver cualquier misterio. Vamos, no había nada que Lupin no pudiera hacer.

Con esta base, no es de extrañar que el personaje de Lupin hiciera volar la imaginación de todo tipo de creadores, dando pie incluso a varias secuelas autorizadas. Por supuesto, Lupin también ha tenido sus adaptaciones a teatro, cómic, manga, videojuegos, series de televisión y películas, la más reciente en 2004 con Romain Duris en la piel del ladrón.

Por si ya el material «canon» fuera poco, más de un autor no se ha perdido la oportunidad de usarle en sus historias, y Lupin también ha llegado a aparecer como secundario o haciendo un cameo en todo tipo de creaciones, con una mención importante a todos los que deciden aprovechar el salseo con Sherlock Holmes y juntar de nuevo a los dos personajes. Eso sí, es muy posible que Lupin III, el nieto ficticio de Arsène Lupin creado por Monkey Punch, sea una de las obras derivadas más apreciadas y que también ha conseguido labrarse su propia reputación estelar como ladrón de guante blanco.  

¿Y para vosotros? ¿Cuál es la mejor versión del Lupin?

Crítica de Lupin, la primera gran serie de Netflix del año

‘Lupin’, la nueva serie de Netflix sorprende por su audacia, inteligencia y capacidad para convertirse en un juego de provocación.

Crítica de Lupin, la primera gran serie de Netflix del año

El Arsenio Lupin literario siempre se encuentra en medio de una situación mortal, a punto de llevar a cabo el robo del siglo o, en el mejor de los casos, coqueteando con alguna dama. Su versión para la televisión Lupin, la nueva serie de Netflix, muestra a un serio Assane Diop que tiene toda la brillante inteligencia del personaje, pero no su infalible encanto.

Este extraño híbrido entre la metaferencia y algo más ingenioso es un hombre sobrio y decidido, que tiene un objetivo en mente y ese es, por supuesto, un robo a gran escala. Pero a diferencia del héroe literario, este ladrón de guante blanco también es un jugador experto en el arte de pasar desapercibido.

Quizás, uno de los elementos más interesantes de la adaptación libre de la obra de Leblanc es tomar los puntos más altos del relato literario para convertirlo en un juego de espejos. Entre ambas versiones de la realidad, el personaje teje una cuidadosa red de engaños y trampas sutiles, para tramar una red monumental que tiene por objetivo un robo, pero también una venganza y una redención.

Durante los primeros minutos de la serie, lo monumental del objetivo de Diop parece sobrepasarle. De pie, frente a la caja de cristal que guarda un collar de incalculable valor, el personaje tiene la apariencia de una sombra. Uno de los tantos empleados que recorren el museo a medianoche, aturdido por la estatura de las obras y tesoros que le rodean. Pero poco a poco, el argumento envuelve al personaje se hace cada vez más poderoso, y pronto deja en claro que toda esa apariencia de humildad es solo una fachada.

Como si todo anterior no fuera suficiente, Diop está obsesionado con el caballero ladrón imaginado por Leblanc, lo que provoca que su método se convierta en una recreación en vivo del clásico literario. Es ese perspicaz uso de recursos que reflejan el libro, a la vez que permiten avanzar la acción en pantalla, lo que hace de Lupin una combinación afortunada entre varios elementos distintos de enorme eficacia.

La serie es tanto la narración de una Heist movie en estado puro, como una buena historia en la que el protagonista tiene todos los atributos del antihéroe misterioso. La combinación de ambas cosas crea un protagonista que no está exento de cometer errores pero cuya astucia supera sus experimentos fallidos.

Como Arsène Lupin, Diop está en la búsqueda de un objetivo y el guion no se prodiga en mostrarlo de inmediato. Toda la trama es un rompecabezas cuyas piezas no son visibles de inmediato y abarcan algo más que la dinámica del robo. Con el método de Sherlock Holmes (Diop es un aventajado alumno del método de pensamiento lógico del personaje de Doyle) y algunos guiños a Inside Man (2006), cada capítulo de la serie es una colección de referencias cruzadas. Lo cual se refuerza a medida que Diop muestra sus verdaderos colores y la cualidad colosal de su ambición. Es entonces cuando el verdadero juego comienza en toda su potencia.

Pero más allá de la necesidad de entretenimiento puro, es evidente que ambos showrunners quieren crear una meditada historia acerca del crimen de guante blanco como una obra de arte. ¿Peligroso? ¿Provocativo? ¿Ambiguo? El show es todo es eso y más. Pero en ese especial, tiene una paciente cualidad para revelar sus secretos a fragmentos de información elaborada como una búsqueda de un intricado mapa de ruta hacia la codicia.

Diop sabe hacia dónde se dirige, mientras que la mayoría quienes le rodean no. Y esa salvedad — lo que se ignora del centro real de toda la estructura — lo que hace a Lupin una astuta mirada a la duplicidad y la manipulación como armas tan peligrosas como una bala en manos incorrectas.

Poco a poco, Diop demuestra que es algo más que un ladrón brillante. Lucha con una considerable habilidad, usa disfraces y tiene los suficientes conocimientos sobre tecnología como para asegurarse que su objetivo será exitoso. Pero también es un hombre que debe lidiar con sus propios demonios y la serie lo sabe.

Una de las decisiones más brillantes de Lupin es no convertir a su personaje principal en una caricatura. En su lugar le proporcionar el suficiente peso como para elaborar una connotación sobre el bien y el mal que resulta tramposa pero efectiva.

Al final, este baile de máscaras cuyo centro es una colección de diamantes es también un recorrido lleno de peligros hacia un motivo más inquietante para robar. Todo bajo el empaque de la que es, quizás, la primera gran serie de Netflix del año.

Lupin: Un rescate literario con fallas y aciertos

Analizamos el origen literario, las fallas y los aciertos de la serie de Netflix que está en boca de todos. Omar Sy en Lupin – Foto: Netflix La icónica estructura piramidal del Louvre va a ser violada. Un plano aéreo del museo parisino es lo primero que vemos y

Lupin: Un rescate literario con fallas y aciertos

La icónica estructura piramidal del Louvre va a ser violada. Un plano aéreo del museo parisino es lo primero que vemos y en menos de 10 minutos de serie ya sabemos todos los detalles del plan de atraco: hay que hacerse con el collar de la reina María Antonieta en el mismo momento en que se subasta a precios desorbitados. Pero éste no es sólo un golpe espectacular. Es una venganza personal y el inicio de una serie de pasos para esclarecer una tragedia del pasado, provocada por las mismas injusticias de siempre en donde los poderosos aplastan a los más débiles, inmigrantes de Senegal en este caso. 

Assane Diop (Omar Sy) va a alterar por completo esa gala extremadamente presuntuosa -una palabrita que conoce desde muy chico gracias a los patrones de su padre- donde se ofertan por la joya real millones de euros como si fuesen caramelos. Hay algo del espíritu de Robin Hood en el regocijo que puede producir ver multimillonarios corriendo despavoridos por culpa de la mente maestra de un tipo negro y grandote que vive (y padece vivir) en París. Pero no es en el arquero del Bosque de Sherwood en quien se inspira para hacer carrera y perfeccionarse en sus variadas tretas. Él es más sofisticado y, como a fin de cuentas no deja de ser francés, su modelo a seguir y obsesión geek es Arsène Lupin

La pregunta es válida porque no se trata de un personaje literario mundialmente conocido como Sherlock Holmes, pero se podría decir que es un reverso galo de éste. Su creador, Maurice Leblanc, fue contemporáneo de Arthur Conan Doyle y el furor de su brillante detective así que en 1905 se largó con su propia saga protagonizada por un “caballero ladrón” con similares niveles de elegancia, ingenio, manejo del disfraz y de los puños (Sherlock boxea, Lupin practica artes marciales y, en efecto, Assane sabe cómo defenderse). Para el momento de su muerte en 1941, Leblanc ya había expandido el universo de Lupin durante casi medio siglo con más de 20 obras, entre novelas, volúmenes de cuentos y obras de teatro.

Y tal como en el caso inglés, se convirtió en un clásico indiscutido en su país: el personaje sobrevivió a su autor y se salió del canon a través de pastiches y obras apócrifas escritas por las nuevas camadas de escritores. Los franceses no podían ser menos así que tuvieron su propio antihéroe, su propio rufián ilustre y encantador. Hasta el estreno de Netflix, por fuera de Francia no pegó tanto, con la curiosa excepción de Japón, que supo crear y apropiarse de Lupin III, nieto del original, con su propia saga de manga y anime. El mismísimo Hayao Miyazaki debutó en el largometraje con El Castillo de Cagliostro (1979) narrando sus aventuras delictivas (también disponible en Netflix).   

Al final del primer episodio, Assane hace una confesión en off: «Lupin es más que un libro. Es mi herencia. Mi método. Mi camino. Yo soy Lupin”. La serie también se llama Lupin, el agente Guédira (Soufiane Guerrab) que investiga sus fechorías es lector de Lupin, Assane recibe el libro que lo fanatiza de su padre y él luego hace lo mismo con su propio hijo, y tampoco faltan citas y referencias a trucos y engaños.

Está claro que la fuente de inspiración literaria es explícita y omnipresente y sin embargo no parece muy bien aprovechada. La serie sabe a genérica y justamente parece una más del montón del subgénero de robos y estafas. O se pasaron de lavado para adecuarse al catálogo de Netflix o el giro moderno se llevó puesta la adaptación de un material clásico. Aunque en realidad lo más interesante es la crítica social que se desprende de la elección de un Lupin actual de origen senegalés, blanco perfecto para la discriminación de negros e inmigrantes por parte de la sociedad francesa. 

Mas allá de eso, y aunque se “disfrace” de magnate, delivery o empleado de limpieza, Assane es un protagonista deslucido, sin carisma ni humor, y tampoco hay por lo menos un personaje secundario que levante un poco. De todas formas, se puede ver perfectamente en piloto automático porque el pulso narrativo es excelente y las líneas temporales fluyen muy bien en una edición aceitada. En ese sentido el producto es redondo. El primer capítulo es mejor que los demás –ojo que todavía no terminó, ya anunciaron una nueva tanda de 5 episodios-, con mucha acción y tensión alrededor del robo del collar, y la bandita de delincuentes que aporta cierta simpatía pero que no vuelve a aparecer. Con el correr de los capítulos se empiezan a notar los baches o conveniencias de un guion perezoso que manipula los conocimientos de Assane para su propio beneficio («¿Cómo alguien puede hacer eso?» o «Si es tan vivo, ¿cómo no se dio cuenta de eso?») y apela a giros argumentales muy inverosímiles o demasiado predecibles.  

Lupin es un producto correcto y a tono con la plataforma, que retoma una tradición literaria interesante para no hacer nada especial con ella. Una pena. El showrunner George Kay (Killing Eve) debería haber tomado notas de lo que hicieron Steven Moffat y Mark Gatiss con su gloriosa y muy sentida actualización contemporánea de -una vez más- Sherlock Holmes. Por cierto, las cuatro temporadas de Sherlock también están en Netflix. Ahí se puede ver todo lo que Lupin pudo haber sido de haber aprovechado el potencial de un personaje entrañable.  

Lupin: de novela por entregas a serie de plataforma on demand

Lupin: de novela por entregas a serie de plataforma on demand

Assane Diop, el personaje que interpreta el actor Omar Sy en la serie de Netflix, hijo del senegalés Babakar, toma la herencia de su padre, los libros de Arsene Lupin, publicados hace más de un siglo, como una herramienta e inspiración para llevar a cabo su venganza, frente a los hecho que hicieron que su infancia fuera mucho más difícil: el encarcelamiento de su padre y el suicidio en una celda.

Para mediados de año, saldría la segunda temporada. Mientras en Francia las publicaciones de Maurice Leblanc incrementan sus ventas, en Argentina se reedita Arsenio Lupin, caballero y ladrón, por editorial Claridad.

Maurice Leblanc nació en la ciudad francesa de Ruan en 1864 y pudo estudiar derecho. En París, influenciado por Gustave Flaubert y Guy de Maupassant, empezó su vida literaria, escribiendo novelas con muy poca popularidad.

En 1904, publica en la revista Je Sais Tout el primer relato de las aventuras de Lupin, “El arresto de Arsene Lupin”, que luego sería el primer capítulo de la novela Arsene Lupin: caballero y ladrón, logrando una gran popularidad en la ciudad parisina, inaugurando el tercer periodo o época neo-heroica de la novela popular, según Umberto Eco, definida como la época que presenta en escena héroes antisociales, seres excepcionales que no vengan ya a los oprimidos sino que persiguen un plan egoísta de poder para ellos solos [1].

Las aventuras de Arsene Lupin le llevarán parte de su vida, con la publicación de una veintena de obras referidas al ladrón de guante blanco y algunas otras publicaciones de diversas temáticas, que no lograron conquistar al público, por lo cual el autor es considerado como un escritor importante de su época y de la novela popular.

Es muy posible que la inspiración de Leblanc para la creación de Arsene Lupin fuera la historia del anarquista francés Marius Jacob, quien formó una banda después de huir del manicomio de Aix-en-Provence; llamados “Los Trabajadores de la Noche”, realizaron robos a empresarios, jueces, soldados y al clero. No asesinaban a nadie y donaban parte del botín a la causa anarquista. Durante los años 1900 y 1903 efectuaron más de 150 robos en París. Teniendo en cuenta la particularidad de su época, y considerando que sus relatos eran publicados en revista e iban dirigidos a lectores adeptos a las novelas por entrega, no tuvo más que buscar qué decían los periódicos y saber cuál era la historia o el personaje que más atraía a esos lectores.

Arsene Lupin, contemporáneo de Sherlock Holmes, con quien compite en popularidad por lo menos en Francia, ha aparecido en numerosas novelas de su autor, entre las cuales se distinguen las características no solamente del personaje (su valor, su audacia, su espíritu de aventura, su sangre fría para actuar) sino también la de su país de origen. Es una época de orgullo imperialista francés, capitalismo europeo y una idea firme de progreso en la sociedad francesa mejor conocida como la “Belle Époque”. Las novelas intenta caracterizar su época, donde una clase adinerada vive plenamente de sus lujos, y Lupin, no hace otra cosa que burlarse de la burguesía, se ufana como si su intención no fuera más que un juego entre la policía, que es incapaz de atraparlo, la clase alta que no supera su ingenio y él, un antihéroe que vive del poder que adquiere de sus hurtos.

El personaje es un hombre que conoce los estudios clásicos como las artes marciales, sabe ser inteligente cuando la situación lo requiere, camuflándose con los más adinerados, escapando del inspector jefe Ganimard que lo persigue y, al mismo tiempo, sabe luchar y confrontar físicamente contra sus enemigos, que suelen ser peores que él. Es aquel que lucha contra “Herlock Sholmes”, que utiliza varios disfraces que ocultan su verdadera personalidad y que nunca deja de ser parte de los suburbios parisinos. Sabe robar a los más ricos, que desprecia por no tener la inteligencia que él posee, como cuando deja una tarjeta ornada en la casa del barón Schorman con la siguiente inscripción: “Arsenio Lupin, el ladrón caballero, volverá cuando los muebles de esta mansión sean auténticos” [2] y puede hacerlo en una noche sin que nadie se dé cuenta.

Este héroe antisocial, que solo roba como plan egoísta de poder, para ser cada vez más rico y poderoso, un ladrón con gracia, pero sin crueldad, que se ríe de la policía y desvalija a los ricos, que mantiene una actitud consolatoria frente a sus lectores, cumpliendo el rol del protagonista de la novela por entregas, que genera a través de su lectura la necesidad de soñar con los ojos abiertos, como describe Gramsci a la novela de folletín: “Sustituye (y favorece al mismo tiempo) el fantasear del hombre de pueblo, es un verdadero soñar con los ojos abiertos” [3]. Lupin, les demuestra que puede burlar a los más poderosos, sin ser atrapado, aunque a veces cae en la cárcel, pero con toda intención de hacerlo para mofarse de la policía, sin tratar de revertir el orden social.

Después vinieron las adaptaciones al teatro, las numerosas películas y series de televisión en las que aparece Lupin o aquellas que están basadas en el personaje de Maurice Leblanc, como libros infantiles donde comparte protagonismo con Sherlock Holmes. Hasta llegar a Japón, con la publicación del manga creado e ilustrado por Monkey Punch y publicada por la revista japonesa Weekly Manga Action en 1967: Arsene Lupin III, siendo el nieto del ladrón, lidera una banda que viaja por todo el mundo robando grandes tesoros. Y así llegó a la adaptación del manga para una serie de animé y la película dirigida por Hayao Miyazaki: El Castillo de Cagliostro.

Assane Diop es el nuevo ladrón de guante blanco, que promete vengar la muerte de su padre, sufrida a manos de una familia adinerada, con bastante influencia política y partícipe de importantes actos de corrupción.

La nueva adaptación suma un tópico más a la novela popular de considerable actualidad, pero tratada de forma superficial: el racismo, los emigrados que llegan a Europa, más precisamente a Francia, en las peores condiciones para intentar sobrevivir en un sistema que no les ofrece nada, donde los grandes ricos son totalmente corruptos, lavan dinero a través de la beneficencia y aumentan sus ganancias a cualquier precio. La serie se mueve, por momentos, en esos términos, mostrando cómo la clase burguesa tiene el poder de manipular los hechos en pos de mantener sus intereses intactos, sin perder el hilo conductor de las características de la novela por entregas, que es lograr entusiasmo e interés en los espectadores a través de las increíbles hazañas de su protagonista.

Diop actúa e imita al personaje que inspiró a todas estas secuelas, es inteligente y muy enérgico, pero viene a diferenciarse de las sagas anteriores, y su diferenciación es el origen del protagonista. Mientras Arsene Lupin podía entrar y salir de los ámbitos de la burguesía, para cometer sus delitos, sin ser visto, Assane es constantemente visible cuando se mueve dentro de la burguesía, como algo extraño que no debería estar ahí, pero que mantiene cierta “elegancia” camuflándose entre ellos, al mismo tiempo que cuando enfrenta el escape final del hurto del collar que había pertenecido a María Antonieta del museo Louvre, se hace pasar por un trabajador de limpieza, donde es totalmente invisible por la alta sociedad francesa, que intenta mirar hacia otro lado por su condición de extranjero y explotado.

Lupin, la serie que espera su segunda temporada, reactualiza la novela popular, originalmente novela por entregas que se encuentra enmarcada en una época imperialista, y que hoy podría ser leída como novela policial. Pero manteniendo un elemento claro, y que es distinguible en la saga, el personaje central, el héroe antisocial que mantiene un objetivo individual, cargado de reformismo personal, tiende a sanar su propios problemas a través de la obtención de venganza o de poder, de acciones autoritarias y paternalistas del protagonista sobre los demás personajes, como si tomara el lugar de salvador, de quien viene a consolar sus propias frustraciones y la de los demás en pleno siglo XXI, realizando sus ingeniosas hazañas dentro de los límites que le permite la democracia burguesa.

Lupin: llega a Netflix la parte 2 de la exitosa serie con Omar Sy

En la parte 2 de Lupin, que ya se estrenó en Netflix, el personaje interpretado por Omar Sy vuelve a enfrentarse a Pellegrini.

Lupin: llega a Netflix la parte 2 de la exitosa serie con Omar Sy

Fue el 28 de enero de este año, a exactamente 20 días de su estreno por el streaming, que Netflix confirmó la fecha del debut de la segunda entrega de Lupin. Un hecho sorpresivo que ratificó el éxito que la serie alcanzó en el mundo, siendo la más vista en 10 países.

Un suceso avalado por su nivel de producción y talentos, con realizadores como la chilena Marcela Said y Louis Leterrier en la dirección, y una entretenida mezcla de géneros, que pasó de la acción de su capítulo inicial a emisiones con cada vez más suspenso y drama.

Además de un ingrediente clave: el actor galo Omar Sy como Assane Diop, un confeso admirador de Arsène Lupin. El personaje literario creado por Maurice Leblanc, definido como un ladrón y un caballero, que en el espacio inspira el accionar de su protagonista.

Así, en los primeros cinco capítulos de Lupin: A la sombra de Arsène se conoció a Assane y su talento con el engaño, que involucra varios cambios de apariencia, como también su obsesión por limpiar el nombre de su padre, Babakar Diop (Fargas Assandé).

A quien en 1995 engañó patrón, el hombre de negocios Hubert Pellegrini (Hervé Pierre), quien acusó al correcto Diop, entonces su chofer, de robarle desde una caja de seguridad la valiosa joya conocida como El Collar de la Reina, para cobrar su seguro.

Esto llevó al padre de Assane a la cárcel, donde perdió la vida. Lo que hizo que con el paso de los años su hijo elaborara un complejo plan en busca de venganza. En el que en todo momento tuvo como cómplice a su mejor amigo, el anticuario Benjamin Ferel (Antoine Gouy).

Un propósito que hizo que la policía fuera tras él y que involucró de forma involuntaria a su ex pareja, Claire (Ludivine Sagnier), y al hijo de ambos, Raoul (Etan Simon). Y es precisamente en un paseo que ellos y Assane hicieron a Étretat que finalizó su primera parte.

Cuando luego de un viaje en tren, donde el protagonista descubrió los seguía un individuo muy sospechoso -Leonard (Adama Niane), un hombre de Pellegrini-, arribaron a la ciudad costera para ser parte de una celebración centrada en Arsène Lupin.

Y es aquí que se retoma la historia. Con Raoul supuestamente perdido, pero en realidad Leonard lo raptó. Un hecho del que fue testigo Guedira (Soufiane Guerrab), el policía fanático de Lupin que ya descubrió la identidad de Assane y lo siguió a Étretat.

El cual, sin revelarle al carismático ladrón quién es, lo ayuda a encontrar al adolescente Raoul y su peligroso raptor. Para después, con el paso de los capítulos, convertirse en su inusual colaborador, emulando la figura del Inspector Ganimard de las novelas de Leblanc.

Pero esta no es la única complicación para Assane, ya que Pellegrini continúa empeñado en atraparlo con la ayuda del turbio Comisario Dumont (Vincent Garanger), mientras planea apoderarse del dinero que su hija, Juliette (Clotilde Hesme), recaudará para su fundación.

Nuevos desafíos y enfrentamientos para conocidos héroes y villanos, donde una vez más Assane deberá poner en marcha su genial visualización de los hechos y capacidad de engaño, siempre en compañía de su aliado desde la adolescencia, Benjamin.

Un último personaje que en los cinco capítulos en estreno de Lupin adquiere aún más protagonismo, al igual que Guedira y sus compañeros de la policía, y Juliette, quien continúa enamorada de Diop como lo estuvo en su juventud. Algo de lo cual él sacará bastante partido.

La misma combinación de suspenso, acción y sagacidad de su personaje principal, que fue parte de la primera parte de Lupin y hoy retorna en los capítulos que completan el ciclo del espacio original de Netflix, los que con seguridad no defraudarán a sus seguidores.

Episodios que en esta oportunidad estuvieron a cargo de los realizadores Ludovic Bernard y Hugo Gélin, y nuevamente tienen como ingrediente esencial la presencia de Omar Sy, quien ya cuenta entre sus principales cartas de presentación como actor al sagaz Assane Diop.

Ver en Netflix

referencia:
www.eltiempo.com
www.hobbyconsolas.com
hipertextual.com
indiehoy.com
www.laizquierdadiario.com
finde.latercera.com

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