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Los posibles efectos secundarios de la selección tras ser vacunados

Respuestas a sus preguntas sobre la vacuna contra el COVID

La Dra. Julie Gralow, directora médica de la American Society of Clinical Oncology (Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica), responde a preguntas e inquietudes frecuentes que las personas con cáncer tienen sobre las vacunas contra el COVID-19 disponibles en los Estados Unidos.

Respuestas a sus preguntas sobre la vacuna contra el COVID

La Dra. Julie Gralow FACP, FASCO, es la directora médica y vicepresidenta ejecutiva de American Society of Clinical Oncology. Anteriormente, fue catedrática de Cáncer de mama de Jill Bennett en la Facultad de Medicina de University of Washington, profesora de la división de Investigación Clínica del Fred Hutchinson Cancer Research Center y directora de Oncología Médica de mama en Seattle Cancer Care Alliance. La Dra. Gralow es la fundadora de la Women’s Empowerment Cancer Advocacy Network (WE CAN, Red de Defensa del Cáncer del Empoderamiento de las Mujeres), para apoyar a los defensores de los pacientes en los países con recursos bajos y medios. En 2018, la Dra. Gralow recibió el premio humanitario de American Society of Clinical Oncology por su trabajo en facultar a las mujeres con cáncer y supervivientes de todo el mundo.

Desde el inicio de la pandemia, la comunidad médica ha estado trabajando para poner a disposición las vacunas contra el COVID-19 lo antes posible. Aunque este plazo acelerado es histórico, la seguridad siempre ha sido una prioridad absoluta. Se han establecido estrictas protecciones para ayudar a garantizar que las vacunas contra el COVID-19 sean seguras. Las vacunas contra el COVID-19 han pasado por un proceso de pruebas riguroso y de múltiples pasos, que incluye grandes ensayos clínicos que implican a decenas de miles de personas.

Tres vacunas contra el COVID-19 han recibido la autorización de uso de emergencia de la Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Medicamentos) de los EE. UU. Esto significa que la FDA ha revisado cuidadosamente todos los datos de seguridad de los ensayos clínicos y ha autorizado su uso de emergencia porque se cree que los beneficios esperados superan con creces los riesgos potenciales. La FDA continúa supervisando la seguridad de las vacunas contra el COVID-19 para garantizar la identificación de cualquier posible efecto secundario a largo plazo, así como los efectos secundarios poco frecuentes.

Se ha demostrado que las vacunas contra el COVID-19 son seguras y eficaces en la población general. No hay inquietudes de seguridad específicos asociados con el uso de vacunas contra el COVID-19 en pacientes que se someten a atención oncológica.

Los efectos secundarios frecuentes de la vacuna contra el COVID-19 incluyen dolor en el brazo donde se administró la vacuna, cansancio, dolor de cabeza, dolor muscular y articular, escalofríos y fiebre. Los efectos secundarios tienden a producirse en un plazo de 2 a 3 días después de la vacuna y pueden ser más evidentes con la segunda dosis. A menudo desaparecen en una semana, normalmente en unos días. Los efectos secundarios son más frecuentes en las personas menores de 55 años. Estos efectos secundarios, por lo general son señal de que su sistema inmunitario está haciendo exactamente lo que se supone que debe hacer, desarrollando y acumulando protección para la enfermedad.

Una pequeña cantidad de personas ha desarrollado una reacción alérgica a los ingredientes de las vacunas, por lo que es importante que hable con su proveedor de atención médica si alguna vez ha tenido una reacción a una vacuna o medicamento anterior.

Algunas personas han reportado hinchazón temporal de los ganglios linfáticos en la axila o zona supraclavicular (por encima de la clavícula) en el lado en el que recibieron la inyección. Debido a que este posible efecto secundario puede confundirse con una señal de cáncer de mama, es mejor retrasar una mamografía hasta un mes después de recibir la vacuna contra el COVID-19.

Ninguna de las vacunas aprobadas por la FDA contiene el virus vivo (SARS-CoV-2) que causa el COVID-19. Esto significa que no pueden hacerlo enfermar de el COVID-19 ni transmitirlo a otras personas.

Ninguna de las vacunas autorizadas puede hacer que usted dé positivo en las pruebas virales del COVID-19, que se utilizan para ver si tiene una infección actual. Si su cuerpo desarrolla una respuesta inmunitaria, que es el objetivo de la vacuna, existe la posibilidad de que dé positivo en algunas pruebas de anticuerpos contra el COVID-19. Las pruebas de anticuerpos indican que ha tenido una infección previa. Los expertos están estudiando actualmente cómo la vacuna contra el COVID-19 puede afectar los resultados de las pruebas de anticuerpos.

Actualmente hay tres vacunas contra el COVID-19 disponibles en los Estados Unidos:

Vacuna Pfizer BioNTech

Vacuna Moderna

Vacuna de Johnson & Johnson (Janssen)

Las vacunas anticovid funcionan enseñando al sistema inmunitario del organismo a reconocer y combatir el virus que causa el COVID-19, y esto lo protege de enfermarse con la infección que ocasiona el COVID-19. Se ha demostrado que todas son eficaces para reducir el riesgo de contraer el COVID-19, así como para reducir el riesgo de contraer una enfermedad grave si está infectado.

Las vacunas de Pfizer BioNTech y Moderna contienen ARN mensajero (ARNm). El ARNm es un tipo de material genético del virus del COVID-19 que da instrucciones a nuestras células sobre cómo fabricar una proteína inofensiva que es única para el virus. Después de recibir la vacuna, el ARNm entra en las células del organismo y les dice que hagan copias de la proteína “espicular” del virus del COVID-19, que normalmente ayuda a que el virus infecte las células humanas. Esto no genera la enfermedad, pero ayuda a enseñar al sistema inmunitario a reconocer y actuar contra el virus si el organismo está expuesto a él en el futuro. El ARNm de una vacuna contra el COVID-19 no entra en el núcleo de la célula, que es donde se conserva nuestro ADN. Esto significa que el ARNm no puede afectar ni interactuar con nuestro ADN de ninguna manera.

La vacuna de Johnson & Johnson (Janssen) es una vacuna vectorizada. Contiene una versión debilitada de un virus vivo, que es un virus diferente al que causa el COVID-19. Este virus vivo debilitado tiene material genético del virus del COVID-19 insertado en él. Esto se denomina vector viral. El adenovirus de esta vacuna ha cambiado para que ya no pueda reproducirse en el organismo ni causar enfermedades. El virus se ha cambiado en el laboratorio para que contenga un gen (un fragmento de ADN) para la proteína espicular del virus del COVID-19. El material genético proporciona instrucciones a las células para hacer copias de la proteína espicular que es única del virus del COVID-19. Esto dicta a nuestros cuerpos a desarrollar respuestas inmunitarias para detectar y combatir el virus si alguna vez estamos expuestos a él en el futuro.

Tanto las vacunas de ARNm contra el COVID-19, como la vacuna de vectores, funcionan con las defensas inmunitarias naturales del organismo para desarrollar inmunidad a la enfermedad. Nuestros cuerpos reconocen que las proteínas del COVID-19 no deberían estar ahí y desarrollan glóbulos blancos específicos, llamados linfocitos T y linfocitos B, que recuerdan cómo combatir el virus que causa el COVID-19.

En este momento, ninguna organización médica ha recomendado ponerse un tipo de vacuna contra el COVID en lugar de otra, ya sea para personas con cáncer o supervivientes de cáncer u otros. Muchos expertos en salud consideran que ponerse la vacuna tan pronto como esté a su disposición, sea cual sea, es lo más importante, en lugar de esperar a recibir una vacuna específica.

Las vacunas de ARNm contra el COVID-19 son vacunas de 2 dosis y se recomiendan ambas dosis para garantizar una mejor protección contra el COVID-19. La primera inyección prepara el sistema inmunitario del organismo, ayudándolo a reconocer el virus, y la segunda inyección, administrada varias semanas después, fortalece la respuesta del sistema inmunitario.

Tanto el virus del COVID-19, como las vacunas, son nuevas y hay mucho que no sabemos. Lo que sí sabemos es que el COVID-19 ha causado una enfermedad muy grave y la muerte de muchas personas. También sabemos que las personas con cáncer tienen un alto riesgo de complicaciones por el COVID-19.

Estar protegido de enfermarse es importante porque, aunque muchas personas con el COVID-19 solo tienen la enfermedad de manera leve, otras pueden contraer la enfermedad de gravedad, con efectos de salud a largo plazo, o incluso morir. No hay forma de saber cómo lo afectará el COVID-19, incluso si no tiene un mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves. Si contrae el COVID-19, también corre el riesgo de transmitirlo a otras personas que puedan enfermar de gravedad.

Vacunarse es una de las varias medidas que puede tomar para protegerse a sí mismo y a los demás del COVID-19. Se ha descubierto que las 3 vacunas autorizadas reducen significativamente el riesgo de infección por COVID-19. También se ha demostrado que son muy eficaces para reducir el riesgo de enfermedad grave, hospitalización o muerte por el COVID-19 si se infecta.

Detener una pandemia requiere utilizar todas las herramientas disponibles. Las máscaras y el distanciamiento social ayudan a reducir la probabilidad de estar expuesto al virus o de transmitirlo a otras personas. Las vacunas funcionan con su sistema inmunitario para que su organismo esté listo para combatir el virus si usted está expuesto. Juntos, la vacuna y seguir las recomendaciones de salud pública para protegerse a sí mismo y a los demás de la exposición al virus ofrecen la mejor protección contra el COVID-19.

Los ensayos clínicos de la vacuna contra el COVID-19 que se han completado inscribieron a muy pocas personas que recibían tratamiento activo contra el cáncer, por lo que hay datos limitados sobre la efectividad y la seguridad de las vacunas aprobadas en personas con cáncer. Actualmente se desconoce lo bien que funciona la vacuna en personas con cáncer y un sistema inmunitario debilitado. Ahora bien, no hay motivo para creer que las vacunas contra el COVID-19 no sean seguras para las personas con cáncer. Las vacunas no suponen un riesgo para la seguridad de las personas inmunodeprimidas. Sin embargo, pueden haber reducido las respuestas inmunitarias en comparación con las personas de la población general.

Los investigadores están estudiando cuándo es el mejor momento para que las personas que reciben tratamiento activo contra el cáncer reciban la vacuna contra el COVID-19 pronto para que sea tan efectiva como sea posible. Algunos tratamientos, como la quimioterapia, la inmunoterapia o la radioterapia, pueden hacer que la vacuna sea menos eficaz, por lo que su médico le puede recomendar administrar la vacuna entre o después de los tratamientos. Se recomienda no interrumpir los tratamientos contra el cáncer para que pueda recibir la vacuna. La vacuna no afectará su tratamiento contra el cáncer. Es posible que tenga que retrasar la vacuna si ha recibido un trasplante de médula ósea/células madre o ha recibido terapia celular, como el tratamiento con linfocitos T con receptor de antígeno quimérico (CAR).

Los datos de los ensayos clínicos han demostrado que las vacunas reducen sus probabilidades de contraer el COVID-19 y presentar complicaciones, pero aún no está claro si estas vacunas previenen la infección por COVID-19 y transmiten la enfermedad a otras personas. Por lo tanto, los pacientes vacunados y las personas de contacto cercano deben seguir usando mascarilla, mantener las guías de distanciamiento social y seguir otras recomendaciones para prevenir el COVID-19. Se recomienda firmemente que los cuidadores, otros miembros del hogar y otros contactos cercanos se vacunen cuando la vacuna esté disponible para ellos.

Dado que la situación es diferente para cada persona, es mejor comentar cualquier pregunta o inquietud sobre la vacuna contra el COVID-19 con su médico o su equipo de atención oncológica. Pueden aconsejarlo en función de sus antecedentes médicos personales, incluido su diagnóstico y tratamiento del cáncer, así como tener en cuenta su hogar, trabajo y circunstancias vitales, así como sus opiniones personales e inquietudes sobre la vacuna contra el COVID-19 y la investigación médica. Es importante hablar abiertamente sobre la vacuna con un proveedor de atención médica en el que confíe. Hay mucha información y diálogo público actualmente sobre las vacunas contra el COVID-19, así que puede ser difícil separar los hechos y las pruebas de los mitos y la información errónea.

Las comunidades minoritarias y desatendidas se han visto profundamente afectadas por el COVID-19, que ha aumentado las desigualdades sociales de salud existentes (en inglés). Muchas personas y grupos trabajan para abordar los miedos e inquietudes de las personas desfavorecidas desde el punto de vista médico para ayudar a generar confianza en que la vacuna es una forma segura de poner fin a la pandemia.

El gobierno federal de los EE. UU. proporciona la vacuna de forma gratuita a las personas que viven en los Estados Unidos. Sin embargo, el proveedor de vacunas puede cobrar una tarifa de administración a su seguro, Medicaid o Medicare. La compañía de seguros pública o privada del paciente o, para los pacientes no asegurados, un programa llamado el Provider Relief Fund (Fondo de Alivio para Proveedores) de la Health Resources and Services Administration (Administración de Recursos y Servicios Sanitarios), puede reembolsar a los proveedores de vacunas. Por este motivo, es posible que se le pida que lleve su tarjeta de seguro a su cita para la vacuna. No se le puede negar la vacuna a nadie si no está asegurado, y nadie debería tener que pagar una tarifa de administración de la vacuna de su bolsillo.

En los EE. UU., cada estado es responsable de cómo y cuándo se administran las vacunas contra el COVID-19. Póngase en contacto con su departamento de salud pública estatal o local sobre el plan de distribución de vacunas en su lugar de residencia. Las vacunas se están administrando en consultorios médicos, farmacias minoristas, hospitales, clínicas comunitarias y departamentos de salud pública. Utilice esta herramienta de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de los EE. UU. para encontrar más información sobre cómo vacunarse en su zona.

Vacunas contra el COVID-19 y personas con cáncer

Haz clic aquí para ver la infografía a tamaño completo (PDF)

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Los posibles efectos secundarios de la selección tras ser vacunados

Los jugadores de la selección española recibirán hoy la primera dosis de la vacuna del coronavirus, una decisión no exenta de polémica que pretende garantizar su inmunidad durante la Eurocopa. El ministerio de Sanidad lo aprobó ayer después de que el martes la Comisión de Salud Pública evitara pronunciarse. Los internacionales, el cuerpo técnico y los empleados más cercanos que acompañan al equipo, unas 60 personas en total, serán los beneficiarios de esta medida excepcional. Será personal sanitario del Ejército español el encargado de inocular las vacunas, al igual que ha ocurrido con los deportistas que acudirán a los Juegos de Tokio. La partida, por tanto, no saldrá de las destinadas a las Comunidades Autónomas. La selección recibirá la primera… Ver Más

Los posibles efectos secundarios de la selección tras ser vacunados

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Sanidad da el visto bueno a la vacunación de la selección española

Finalmente el combinado nacional será vacunado contra el coronavirus antes de su debut en la Eurocopa. Así lo ha decidido hoy el Ministerio de Sanidad tras confirmarse en las últimas horas dos positivos en la concentración de la selección: Sergio Busquets y Diego Llorente.

Sanidad da el visto bueno a la vacunación de la selección española

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Óscar Conde

Madrid | 09.06.2021 15:55

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A tan sólo cinco días para el debut de España en la Eurocopa, el Gobierno ha decidido que finalmente si sean vacunados los internacionales. Ayer, la Comisión de Salud Pública no quiso posicionarse sobre un asunto que ha generado mucha controversia, así que finalmente ha tenido que ser el Ministerio de Sanidad el que tome la decisión.

Tras los positivos de Busquets y Diego Llorente, la selección española vive horas de incertidumbre y preocupación ante la posibilidad de que se vayan multiplicando los contagios según avancen los días. Una situación que complicaría la participación de España en la Eurocopa y que ha llevado a Luis Enrique a organizar una burbuja paralela de entrenamientos con 17 jugadores.

Por el grupo de edad al que pertenecen, los internacionales españoles deberían ser vacunados con Pfizer o Moderna, vacunas que necesitan dos dosis, por lo que la inmunidad tardaría más en llegar. La opción más práctica sería la monodosis de Janssen. La vacunación se llevará a cabo lo antes posible para evitar que los posibles efectos secundarios mermen el rendimiento de la selección española en la Eurocopa.

Sanidad prevé que la vacunación de la selección española de fútbol sea llevada a cabo por el ejército, tal y como ya ha ocurrido en el que caso de los deportistas olímpicos, que fueron inmunizados durante las últimas semanas para llegar en las mejores condiciones a los Juegos de Tokio.

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¿Por qué empeoran los efectos secundarios después de una segunda dosis de la vacuna contra COVID

Los efectos secundarios de una segunda inyección de la vacuna COVID-19 son una señal de que está proporcionando una protección más vigorosa y duradera contra el coronavirus.

¿Por qué empeoran los efectos secundarios después de una segunda dosis de la vacuna contra COVID

Cuando se trata del golpe uno-dos que brindan las vacunas contra COVID-19 de dos dosis, es la segunda inyección la que realmente da un impacto.

Kristen Choi puede confirmar eso. Ella, una investigadora de enfermería en UCLA, terminó con una serie de síntomas, incluida una fiebre que alcanzó un máximo de 104.9 grados, después de que recibió su segunda dosis el año pasado. Pero los efectos pronto pasaron, y valió la pena la protección tan necesaria contra la pandemia, comentó.

“Estoy muy agradecida de haber recibido la vacuna y poder tener esa protección, y realmente quiero ver que esa oportunidad esté disponible para todos”, dijo Choi.

A medida que más estadounidenses se preparan para recibir el antígeno contra COVID-19, algunos están inquietos por los efectos secundarios de la segunda dosis, que tienden a ser más fuertes que la primera. Pero los expertos dicen que los síntomas, que van desde un brazo adolorido hasta dolores de cabeza y náuseas, son una señal de que la inoculación está haciendo su trabajo: fortalece la respuesta del sistema inmunológico a la dosis inicial y, por lo tanto, proporciona una respuesta más vigorosa y una protección duradera contra el virus.

Dos de las tres vacunas que están autorizadas para su uso en Estados Unidos, una fabricada por Pfizer y BioNTech, la otra por Moderna, requieren dos dosis, espaciadas entre tres y cuatro semanas, respectivamente. (La vacuna de Johnson & Johnson es de una sola dosis).

No hay una receta secreta especial para esa segunda dosis: tanto la primera como la segunda inyección son exactamente iguales. La primera simplemente prepara el sistema inmunológico para que esté listo para lanzar una respuesta más robusta cuando sea el momento de arremangarse una vez más.

“Es solo una amplificación, básicamente, del mismo proceso que ocurre la primera vez”, señaló la Dra. Diane Griffin, experta en enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg.

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Los efectos secundarios comunes incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón en el brazo que recibe la inyección, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Los efectos secundarios típicos en otras partes del cuerpo incluyen cansancio, dolor de cabeza, dolor muscular, escalofríos, fiebre y náuseas.

Y si no experimenta efectos secundarios, está “totalmente bien”, indicó la Dra. Grace Lee, experta en enfermedades infecciosas pediátricas de Stanford Children’s Health. Tu cuerpo todavía está haciendo su trabajo.

“Lo bueno es que no todo el mundo tiene una reacción”, comentó Lee.

Las vacunas Pfizer y Moderna funcionan dando a las células del cuerpo un modelo para hacer una réplica de la proteína del pico del virus. Antes de que una célula inmune responda a la réplica ofensiva destruyéndola, la defensora desarrolla una memoria de la proteína para que pueda atacar nuevamente en el futuro.

“La fiebre, el dolor de cabeza, etc., que experimenta se debe a que las proteínas inflamatorias hacen su trabajo en el cuerpo para deshacerse de lo que cree que es un extraño”, explicó la Dra. Jasmine Marcelin, experta en enfermedades infecciosas de la Universidad de Nebraska Medical Center, explicado en un correo electrónico.

Choi experimentó esto de primera mano. Se ofreció como voluntaria para un ensayo clínico que probaba la vacuna Pfizer-BioNTech y recibió su primera inyección en agosto. Prácticamente no hubo efectos secundarios, solo dolor en el brazo.

Pero después de la segunda dosis de Choi, su brazo rápidamente se volvió mucho más doloroso en el área de la inyección. Al final del día, tenía escalofríos, náuseas y un dolor de cabeza desgarrador. Alrededor de la medianoche, se despertó con un brazo tan dolorido que apenas podía levantarlo. A las 5:30 a.m., registró una fiebre tremendamente alta.

Tomó Tylenol y bebió agua. Su fiebre rondó los 99.5 grados durante el resto del día. A la mañana siguiente, sus síntomas habían desaparecido (excepto por un bulto hinchado y adolorido en el punto de inyección).

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Tres de los cuatro brotes más letales en residencias de ancianos de California se produjeron en instalaciones que se ofrecieron a recibir pacientes con COVID-19 procedentes de hospitales sobrecargados. El Kei-Ai de Los Ángeles lideró todos ellos.

Choi describió sus experiencias en un ensayo publicado en diciembre en JAMA Internal Medicine. Desde entonces, comentó que ha recibido correos electrónicos de cientos de personas, muchas de las cuales comentaron que se encontraron con su cuenta y dijeron que era reconfortante saber que estas reacciones eran comunes y estaban bien. (Choi se enteró después de la publicación que efectivamente había recibido la vacuna y no un placebo).

Para ser claros, es raro tener síntomas tan intensos como los que experimentó Choi: solo 4 de un subconjunto de 8,183 participantes en el estudio clínico más grande experimentaron fiebres superiores a 104 grados (y dos de ellos estaban en el grupo del placebo), según datos publicados en el New England Journal of Medicine y en el sitio web de los CDC.

De hecho, además del dolor en el brazo, los efectos secundarios más comunes después de la segunda dosis fueron fatiga y dolor de cabeza.

Si bien ha habido algunos casos de reacciones alérgicas graves con las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna, son extremadamente raras. Solo para estar seguros, los CDC recomiendan que las personas sean monitoreadas durante 15 a 30 minutos después de recibir la inyección para que puedan recibir tratamiento inmediato si es necesario. Cualquiera que experimente síntomas, como hinchazón de garganta, picazón, urticaria o dificultad para respirar después de salir del lugar de la vacunación, debe buscar atención médica de emergencia de inmediato, señalaron los expertos.

Aquellos que tienen una “reacción alérgica inmediata” a una primera dosis de la vacuna Moderna o de la vacuna Pfizer-BioNTech no deben recibir una segunda dosis, dicen los CDC. Pero para todos los demás, los expertos están de acuerdo: obtenga la inyección de seguimiento.

En comparación con sufrir un ataque real de COVID-19, sin mencionar la posibilidad de lidiar con las complicaciones a largo plazo de la enfermedad, realmente no hay comparación, dijo Lee, la experta en enfermedades infecciosas pediátricas.

“Las vacunas son una forma mucho más segura de desarrollar inmunidad”, señaló.

Y si nunca se ha infectado con este coronavirus, necesita esa segunda dosis de vacuna para asegurarse de que la respuesta de su sistema inmunológico sea fuerte y duradera, explicaron los expertos.

Choi señaló que las personas de 55 años o menos parecían sufrir más efectos secundarios que las personas mayores. Hay una razón para eso, comentó: “Si eres más joven, tu cuerpo tiene un sistema inmunológico más fuerte y un poco más de capacidad para soportar esa respuesta inmunológica”.

Por lo tanto, a medida que haya más dosis disponibles y las personas más jóvenes se preparen para sus inyecciones, es importante hacerles saber qué esperar y que los efectos secundarios son una parte completamente normal del proceso.

“Es una señal de que la vacuna está funcionando”, explicó.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.

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Enfermar gravemente o morir por COVID-19 tras ser vacunado es posible, pero muy raro (y mucho más que por otras causas cotidianas)

Las diferentes vacunas contra el COVID-19 tienen distintos grados de efectividad, pero ninguna llega al 100%. Eso significa que es posible contraer la enfermedad incluso tras recibir el ciclo completo de la vacuna, aunque es una posibilidad extremedamante infrecuente. En Estados Unidos, donde ya han sido vacunados con el ciclo completo más de 76 millones de personas, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades han reportado 5.800 casos de contagios tras haber sido vacunados cuando el número total de vacunados iba por 66 millones. Es decir, una incidencia del 0,0088%.

De esos 5.800 casos, un 29% contrajo la enfermedad de forma asintomática, y solo un 7% requirió hospitalización. La cifra de fallecidos es de 74, solo el 1,3% de los contagiados. Dicho de otra forma: de los 66 millones de vacunados, solo el 0,0001% murieron de COVID-19, y la gran mayoría de los que aun así se contagiaron lo hicieron sin síntomas graves. Exactamente como marcaban las previsiones al comenzar la campaña de vacunación. «La vacunación está funcionando exactamente como esperábamos», dijo Jinlene Chan, secretaria adjunta interina de servicios de salud pública de Maryland, a Wall Street Journal.

Las causas de mortalidad en España y su incidencia en relación a la población dejan a las enfermedades del sistema circulatorio (hipertensión, infarto de miocardio, arritmias…) como la causa principal de muerte en nuestro país, con una incidencia del 0,261% sobre nuestra población. El resto de causas que le siguen siguen siendo muchísimo más frecuentes que la posibilidad de morir por COVID-19 tras haber recibido la vacuna completa con los datos publicados de los CDC de Estados Unidos.

Las hospitalizaciones por COVID-19 tras ser vacunados también son muchísimo menos frecuentes que por multitud de otros diagnósticos si atendemos a la incidencia de altas hospitalarias en España también desglosada por tipos de enfermedad. Son muchísimo más frecuentes las altas hospitalarias por enfermedades circulatorias, digestivas, respiratorias o incluso por anomalías congénitas y tumores en España que las vistas por COVID-19 en vacunados estadounidenses.

Incluso los riesgos de dolencias como los trombos, que han paralizado la administración de la vacuna Janssen e hicieron repensar la estrategia de administración de la AstraZeneca, siguen siendo mucho menores tras recibir sendas vacunas que por otras actividades cotidianas, como fumar, tomar la píldora anticonceptiva o viajar en avión.

De hecho, los riesgos de trombos tras recibir estas vacunas son más de 165.000 veces inferiores a si contraemos COVID-19 de forma grave sin estar vacunados, donde uno de cada seis pacientes sufren trombosis. El riesgo con la vacuna de AstraZeneca está cercano a un caso entre un millón.

David Hirschwerk, médico de enfermedades infecciosas en Northwell Health System (Nueva York), dijo a Wall Street Journal que «la experiencia hasta ahora es que la vacuna sigue siendo altamente efectiva, y aquellos que sufrieron contagios [pese a estar vacunados] han tenido enfermedades muy leves y tratables. Esto es realmente lo que vemos cada año con la vacuna contra la gripe».

Estados Unidos ha observado estos datos con un 20% de su población completamente vacunada (ya está cerca del 24%). España va por el 7%, y aunque la suspensión de Janssen complica los planes, sigue siendo viable alcanzar el objetivo del 70% de la población vacunada para la última semana de agosto. Durante el tiempo que falta para entonces tendremos la ocasión de ver si las cifras estadounidenses se replican en nuestro país. Lo ocurrido en las residencias tras los primeros meses de vacunación, donde se han neutralizado las muertes y minimizado los contagios, dan pie a pensar que sí.

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