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Las bebidas energéticas son mucho más peligrosas de lo que crees

Lo que preferirías no saber sobre las bebidas energéticas

Descubre qué son las bebidas energéticas, cómo están reguladas y si su consumo es seguro.

Lo que preferirías no saber sobre las bebidas energéticas

Sabe igual que  el jarabe.

¿Lo has oído alguna vez?

Pues aunque las bebidas energéticas se asocian con sabor “a medicina” su consumo no deja de crecer (un 60% de 2008 a 2012).

¿Cómo es posible que un producto que ni siquiera contaba con el beneplácito de los consumidores haya crecido tanto?

Por las propiedades que se le atribuyen a este tipo de bebidas, tengan justificación o no.

Pues para empezar, no hay una definición legal de bebida energética.

Las bebidas energéticas para nuestra legislación son refrescos, y deben cumplir el Real Decreto 650/2011 por el que se aprueba la Reglamentación Técnico-Sanitaria de bebidas refrescantes.

Así que bebida energética es lo que la industria quiera colocar en el mercado como tal y los consumidores estemos dispuestos a comprar.

Vamos, que es más un concepto comercial (que ha calado entre los consumidores) que una denominación que deba cumplir con unas características concretas.

Lo que entendemos como bebida energética es una bebida no alcohólica que contiene cafeína (el único ingrediente con una acción conocida sobre la somnolencia), taurina, azúcares, β-glucoronolactona y vitaminas del grupo B.

Generalmente tienen otros ingredientes que el consumidor identifica (aunque de forma imprecisa, sin saber muy bien por qué) como “revitalizantes” o “fuentes de energía”: ginseng, guaraná, ginko biloba o carnitina.

No existe una definición legal de bebida energética.

En definitiva, bebidas que se asocian a mejorar el rendimiento físico e intelectual.

Y son relativamente recientes porque empezaron a comercializarse en Europa en 1987.

Pero se han popularizado muy rápidamente y han ido haciéndose con espacios que antes eran territorio dominado por los refrescos (solos o en combinación con el alcohol): los acontecimientos deportivos y la fiesta.

Precisamente la falta de regulación en torno a estas bebidas preocupa a las administraciones y a la comunidad científica.

Porque si no hay una definición que las acote significa que tampoco está especificado qué ingredientes pueden contener ni en qué combinaciones.

Y ahí empieza el problema.

Por supuesto los ingredientes que puedes encontrar son legales y están autorizados para consumo humano. Pero no se sabe cómo pueden afectar al combinarse unos con otros, cuando además están generalmente en altas concentraciones.

Al fin y al cabo lo importante es que produzcan un “subidón” perceptible, así que algunas marcas incluso se jactan de ser las más potentes: bien por la cantidad de ingredientes “energéticos” que contienen en comparación con otras bebidas similares o por el tamaño de sus latas (doble cantidad, doble «pelotazo»).

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Si un producto se asocia a efectos tan deseables como tener más energía, rendir más o eliminar los efectos del cansancio (bien sea por alegaciones que se hagan abiertamente o porque de manera velada lo den a entender) tiene que tener unos ingredientes casi milagrosos, ¿o no?

¡Y además es legal! (sigue leyendo y verás por qué resalto su legalidad).

Pues este efecto prodigioso se debe a:

1-. Cafeína: es el ingrediente común a todas las bebidas energéticas.

Las concentraciones varían mucho de unas a otras. La Unión Europea calcula que el contenido varía entre 70mg y 400mg por lata.

Las más habituales contienen un 0,03% (lo que equivale más o menos a 30mg/100ml). A partir de 15mg/100ml el Reglamento 1169/2011 obliga a indicar en el etiquetado de estas bebidas “Contenido elevado de cafeína: No recomendado para ni­ños ni mujeres embarazadas o en período de lactancia” y poner entre paréntesis el contenido en cafeína por cada 100ml.

La cafeína es un alcaloide con efectos muy conocidos (ese primer café de la mañana…) que actúa bloqueando los receptores de adenosina, una sustancia producida por nuestras neuronas que tiene efectos sedantes. Puedes leer más sobre su mecanismo de acción en este artículo de Antonio Martínez en Naukas.

2-. Taurina: es un ácido orgánico precursor de la bilis. Muchas veces se clasifica como aminoácido no esencial (nuestro organismo es capaz de producirlo) pero carece de grupo carboxilo por lo que no se corresponde exactamente a los aminoácidos. Tiene funciones de osmorregulación, desarrollo neuronal y su carencia provoca problemas de retina. Se añade a estas bebidas por su supuesto efecto estimulante. Las bebidas energéticas contienen en torno a 40mg/100ml.

3-. Hidratos de carbono: fundamentalmente azúcares en distintas formas (sacarosa, glucosa, jarabe de glucosa, jarabe de fructosa) con un contenido entre 10g y 15g por cada 100ml. Una lata de 500ml de Burn (con 15g azúcares/100ml) tiene 75g de azúcar. O, lo que es lo mismo, 50 gramos más que la cantidad máxima recomendada por la OMS.

Parece mucho y lo es: la Coca-cola normal tiene 10,5g de azúcar/100ml.

Así que si la Coca-cola y otras bebidas refrescantes azucaradas son muy criticadas –y con razón- por su alto contenido en azúcar (puedes ver estos artículos de Julio Basulto y Juan Revenga) las bebidas energéticas deben criticarse igualmente (bueno, en el caso de Burn debe criticarse un 50% más, que es la cantidad de azúcares de más que tiene respecto a la Coca-cola).

4-. Glucuronolactona: es un hidrato de carbono que aparecen en el cuerpo como resultado del metabolismo de la glucosa en el hígado. En equilibrio con el ácido glucurónico. Forma parte de los tejidos conectivos y fibrosos. Se añade a las bebidas energéticas por un posible efecto desintoxicante no bien determinado.

5-. Vitaminas del grupo B: son un complejo de 8 vitaminas hidrosolubles relacionadas con el metabolismo celular.

En una lata de 500ml de Monster, una de las marcas que presume de ser la más potente, puedes encontrarte:

Puedes ver que las cantidades de vitaminas del grupo B en la bebida del ejemplo son altísimas. Podría parecer que ya que las vitaminas son necesarias para el metabolismo, cuanta más cantidad mejor (o, al menos, malo no será).

Pues en este caso publicado recientemente en el British Medical Journal, del que se hicieron eco numerosos medios de comunicación (puedes leer la noticia aquí y aquí), se documenta un caso de hepatitis aguda por consumo de bebidas energéticas.

El paciente trabajaba en la construcción y había estado consumiendo entre 4 y 5 latas de bebidas estimulantes cada día durante tres semanas para mantenerse despierto.

El informe indica que, si bien algunos de los ingredientes típicos de las bebidas energéticas pueden causar toxicidad si se consumen en cantidades elevadas, de todos ellos sólo la Vitamina B3 (niacina) causa toxicidad hepática.

El fallo hepático de este paciente se produjo por la ingesta masiva de Vitamina B3 contenida en bebidas energéticas (ya has visto que una sola lata de consumo corriente contiene más del doble de la cantidad diaria recomendada de esta vitamina).

Así que la respuesta es sí: un compuesto necesario en cantidades excesivas puede ser tóxico.

Otros ingredientes que aparecen en mayor o menor medida:

Si quieres más información sobre estos extractos vegetales, puedes buscar en el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral (NCCIH) que es la agencia federal de EEUU para la investigación científica de prácticas y productos fuera de la medicina convencional.

Ha habido varios intentos para que la Comisión Europea aceptase las alegaciones de propiedades saludables de algunas de estas sustancias y sería la puerta de acceso a publicitar y etiquetar estas bebidas con propiedades concretas (más allá de la “potencia” indeterminada con la que se anuncian ahora).

Aunque algunas de estas alegaciones se han solicitado específicamente para las bebidas energéticas, la mayoría han sido para el ingrediente concreto (por ejemplo la taurina).

Algunas de las alegaciones reclamadas que serían interesantes para estas bebidas son:

1-. Sobre la cafeína en las bebidas energéticas: “Mejora el tiempo reacción mental, la alerta, la concentración y la memoria. Revitaliza. Da una subida de energía. Aumenta rápidamente el estado de alerta”). Pero el informe de la EFSA descartó esta posibilidad.

2-. Sobre la taurina: “Ayuda a posponer la aparición de la fatiga. Ayuda a mantener niveles de energía periodos de tiempo prolongados durante el ejercicio intenso o la competición, incrementa la resistencia y ayuda a mantener un esfuerzo máximo en periodos de físicos exigentes”. No aceptado por la EFSA por ser un efecto que no está suficientemente sustanciado.

3-. Sobre el ginseng: se solicitó para un complejo de vitaminas, minerales, y ginseng G115 “Para cubrir necesidades (…de vitaminas, minerales…) específicamente en casos de agotamiento, cansancio, debilidad, falta de concentración y atención reducida”, “desarrollo mental”, “metabolismo energético”. No ha sido aceptado por la EFSA. En este post de José Manuel López Nicolás en Scentia puedes ver lo enfurecido que está por las alegaciones del ginseng.

4-. Sobre el guaraná: se solicitaron alegaciones sobre extracto de guarana “Antioxidante natural, protege el organismo frenta al daño oxidativo, tiene potentes efectos antioxidantes beneficiosos para la salud”, rechazado por la EFSA. Y también se solicitaron para una combinación de extractos de guaraná y te verde la alegación de “Ayuda a quemar grasa” con la misma respuesta.

Por lo tanto, según la legislación vigente en la Unión Europea, no se puede hacer ninguna alegación de propiedades saludables (entre las que estarían el incremento de la energía, la reducción del cansancio, la mejora del rendimiento…) en estas bebidas atendiendo a los ingredientes que contienen.

La legislación europea no permite hacer alegaciones de propiedades saludables sobre ninguno de los ingredientes añadidos a las bebidas energéticas.

Como siempre te reto a que lo compruebes tú mismo.

Y verás que no tienen alegaciones como tales.

Eso sí, la publicidad sí que da a entender que tienen algunas propiedades asombrosas para mantener el ritmo y roza los límites legales. Pero no los traspasa y consigue el efecto que quiere: convencer a los consumidores de que estas bebidas tienen efectos que no han podido probar.

Es imprescindible hablar del márketing que rodea estas bebidas porque es la clave para entender las claves de su consumo.

En este artículo de Juan Polo en la web especializada The Branding Tape  puedes encontrar información muy interesante sobre la publicidad de estas bebidas y su lucha por diferenciarse en España.

Pero a grandes rasgos y sin entrar en sus diferencias individuales, todas comparten algunos elementos en su imagen: van más allá de la mera venta de las bebidas.

Se relacionan con acontecimientos deportivos generalmente relacionados con deportes “adrenalínicos” (BMX, Fórmula 1…) o de riesgo (vuelos con traje aéreo, escalada, paracaidismo…) y en algunos casos no sólo son patrocinadores sino que los organizan.

A veces van todavía más lejos, ¿o no recuerdas la noticia-anuncio de Red Bull sobre la caída libre de Félix Baumgartner desde 39.000 metros que rompió la barrera del sonido y consiguió cobertura internacional?

Otras bebidas apuestan por reforzar su relación con la noche y la fiesta organizando competiciones de disc-jockeys, festivales de música electrónica o acontecimientos internacionales que celebran la cultura urbana.

Si buscas las web de estas bebidas verás que lo difícil es encontrar los productos que vender. Porque lo que destaca en todas ellas son los eventos que patrocinan u organizan.

¿Vender bebidas? Sí, pero secundario. Primero crean el ambiente, la cultura, la imagen en definitiva. Que el consumo de estas bebidas se dará por añadidura en estos círculos que ellos mismos han inventado.

Y que por cierto están diseñados específicamente para el público masculino, muchas veces utilizando reclamos sexistas que en otros ámbitos publicitarios ya están completamente descartados.

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Como estas bebidas se asocian a grandes dosis de adrenalina (en el deporte extremo) o a noches interminables de fiesta (festivales de música electrónica) una marca buscó en 2006 diferenciarse, ir más lejos y cruzó todas las líneas de la publicidad ética

Porque llamar a una bebida energética “Cocaína” sí que parece traspasar los límites.

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Y si se publicita con “la alternativa legal”, produce sensación de quemazón en la garganta (como la droga homónima) y se vende en sus versiones “Cut cocaine” (“cocaína cortada” para la bebida sin el efecto de quemazón) y “Free cocaine” parece que no hay dudas sobre el mensaje (aquí puedes leer un artículo sobre la ética de esta publicidad).

Por increíble que parezca, existe y está a la venta. En 2007, tras una advertencia de la FDA, la empresa cambió el márketing de la bebida y la sacó de nuevo a la venta con sus 112mg de cafeína/100ml en formatos de 250ml (280mg de cafeína por lata, el equivalente a 3,5 Red-bull).

Está claro que es una excepción, que por supuesto no contiene cocaína, y que es llevar la publicidad al extremo. Pura provocación.

Pero habría que pensar entonces por qué una marca puede tener interés es ser la alternativa legal a una droga ilegal. ¿O es porque sabe que es un juego peligroso irresistible para algunos grupos de consumidores? (y que esa droga ilegal se asocia precisamente a los entornos en que las bebidas energéticas tienen más adeptos).

Y el marketing también tiene su cara absurda, la puedes encontrar en esta noticia. Red Bull aceptó un acuerdo en 2014 para indemnizar a los consumidores, que demandaron a la empresa por publicidad engañosa: Red Bull no les daba alas ni aumentaba su desempeño físico o mental.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó en 2013 los datos de un informe sobre los datos de consumo de estas bebidas en la Unión Europea.

El informe concluye que el 30% de los adultos son consumidores habituales y el 12% de ellos manifiestan un consumo crónico (4,5 litros al mes). Y el 11% de los consumidores lo hace en forma de atracón, bebiendo más de un litro en una única toma.

Pero el informe también toma datos de adolescentes y de niños. Porque, por las características de el marketing asociado a estas bebidas, son el público diana al que se dirigen.

En el caso de los adolescentes, el 68% de los entrevistados eran consumidores. El 12% de ellos lo eran de forma crónica con un consumo muy superior al de los adultos considerados consumidores crónicos (los adolescentes beben hasta 7 litros al mes). Y un 12% de los adolescentes que las consumen lo hacen en forma de atracón.

El informe también valora el consumo en niños menores de 10 años. Y quizá es el dato más llamativo (y alarmante). Porque el 18% de los niños entre 3 y 10 años son consumidores y el 16% de ellos bebe en torno a 4 litros al mes. Es decir, 16 latas de 250ml cada mes (más de una cada dos días).

Tanto en el caso de adolescentes como de adultos, el consumo mezclado con bebidas alcohólicas es similar, entre el 53% y el 56%.

Un grupo de científicos vinculados a la Oficina Regional de la OMS en Europa y a la Oficina de la OMS en Estonia  investigó los riesgos, efectos adversos y las opciones políticas posibles para responder al consumo de bebidas energéticas en Europa.

Y concluyeron que los riesgos se relacionan principalmente con el consumo de altas dosis de cafeína.

Aunque algunos tipos de café contienen cantidades similares de cafeína por volumen que algunas bebidas energéticas, la forma de consumirlo condiciona el efecto. El café generalmente se toma caliente, más despacio y no va asociado a un consumo en forma de atracón.

Puedes encontrar información sobre la cantidad de cafeína de distintos productos en CaffeineInformer.

Además, las bebidas energéticas se consumen muchas veces mezcladas con alcohol y producen lo que se conoce como “borracho muy despierto”: el efecto de la cafeína reduce la percepción de los síntomas de intoxicación etílica y permite seguir bebiendo.

Pero sólo reduce la percepción subjetiva de estos síntomas así que la descoordinación motora, el tiempo de reacción (los reflejos) y la cantidad de alcohol en aire espirado son los mismos. El consumidor no nota la borrachera pero sus efectos se mantienen.

Ante esta preocupación, algunas marcas han optado por indicar en el etiquetado «No mezclar con alcohol».

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En EEUU eran populares las CABs, «caffeinated alcoholic beverages» (bebidas alcohólicas que contenían cafeína como aditivo).

La FDA envió en 2010 cartas de advertencia a los productores de bebidas alcohólicas que llevaban cafeína añadida porque la mezcla hacía que los consumidores no fuesen conscientes de su grado de intoxicación y siguieran bebiendo.

Y si la cafeína y el alcohol en el mismo producto es preocupante, parece lógico llegar a la conclusión de que tomarlos juntos aunque provengan de dos bebidas distintas (bebida alcohólica + bebida energética) tendrá efectos similares.

Ahora es prácticamente imposible encontrar estas bebidas (CABs) en EEUU.

La cafeína como aditivo no es ilegal en EEUU y las bebidas alcohólicas tampoco. Pero es la combinación de ambas lo que la FDA consideró un cocktail explosivo para la salud.

La mayoría de los estudios no muestran datos concluyentes e insisten en que es necesario seguir investigando sobre los potenciales efectos negativos de estas bebidas, especialmente cuando se combinan con alcohol.

Sería importante que las administraciones se basaran en la evidencia científica para regular aspectos como la cantidad máxima de cafeína permitida por unidad de bebida, los ingredientes permitidos y sus cantidades o el marketing de estos productos cuando se dirigen a público joven (adolescentes o incluso niños).

¿Tomas habitualmente bebidas energéticas? ¿Crees que deberían regularse más?

Me hará mucha ilusión leerte en los comentarios.

Cafeína y azúcar en Burn 50 cl. (bebida «energética»)

Más vale ser pesado que descuidado. Y es que estoy convencido de que no atendería a mis obligaciones deontológicas si no criticase cada cierto tiempo a las peligrosas bebidas «energéticas». Máxime sabiendo que en 2012 sus vendedores facturaron, tan solo en Estados Unidos, la friolera de 12.500 millones de dólares (Front Public Health. 2014 Oct 14;2:134). No he encontrado datos más recientes, pero pueden apostar algo a que el negocio va viento en popa a toda vela, aunque eso signifique poner en riesgo la salud de millones de personas. Como muestra un botón: entre 2006 y 2014, el consumo de estos mejunjes aumentó en el Reino Unido un 155% (BMJ Open. 2016 Oct 8;6(10):e010380). No creo que en nuestro país la situación sea distinta.

En los artículos o entrevistas que detallo al final de este breve texto entenderán por qué pongo entre comillas «energéticas» o por qué no me tiembla el pulso al escribir que son bebidas peligrosas. Hoy simplemente quiero compartir en este blog una imagen que hice el 7 de mayo tras encontrar en el suelo de la calle una lata de «Burn» de medio litro (¡medio litro!). He tardado en traer la imagen al blog por problemas con el servidor, ya solucionados.

burn bebida energetica

Pues bien, en la foto que tienen encima de estas líneas verán que ingerir una de dichas latas equivale a tomarse tres cafés y añadir a cada café cinco sobres de azúcar (de 5 gramos cada uno). Los cálculos para el azúcar los he hecho simplemente leyendo la etiqueta del producto, y en cuanto a la cafeína (160 miligramos en toda la lata) he recurrido a una revisión de Heckman y colaboradores publicada en 2010 (J Food Sci. 2010 Apr;75(3):R77-87).

Ahora imagínense a un niño de, pongamos, 13 años, entrando en un bar, pidiéndose tres cafés, añadiendo a cada uno de ellos cinco sobres de azúcar, y tomándose la mezcla en cuestión en cosa de media hora. ¿Qué efectos cree que tendrá en su sistema nervioso central tanta cafeína de golpe? Eso por no hablar del claro efecto sobre el riesgo de caries y obesidad que generará la desmesurada cantidad de azúcar que acaba de meterse entre pecho y espalda. Lo digo porque la mayoría de quienes consumen estos brebajes tienen entre 10 y 18 años (BMJ Open. 2016 Oct 8;6(10):e010380). Si me conocen sabrán que repito a menudo (insisto: más vale ser pesado que descuidado) un escalofriante dato: casi el 20% de los menores de diez años toma una media de dos litros mensuales de bebidas «energéticas», según datos de 2013 (seguro que hoy el panorama es todavía más desolador). Algo no estamos haciendo bien.

Antes de enumerar los textos en los que amplío lo aquí resumido, y a modo de consuelo, deben saber que el «tuit» que dediqué a este tema en mayo se compartió 1.400 veces y alcanzó a 165.000 personas. Y la entrada que hice Facebook se compartió 503 veces, y alcanzó a más de 88.000 personas. Por si se animan a compartir mis pataletas, aquí les dejo los enlaces:

Imagina que en un bar pides 3 cafés y añades 5 sobres de azúcar (de 5 gramos cada uno) a cada café. Eso es Burn 50 cl (bebida «energética»). pic.twitter.com/JXVDDAeBFb

— Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) 7 de mayo de 2017

Por último, detallo los artículos prometidos, de más a menos reciente:

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Los efectos negativos de las bebidas energéticas afectan a la mitad de sus consumidores

La mitad de los jóvenes que han probado estas bebidas han sufrido efectos adversos en la salud, según un estudio en Canadá.

Los efectos negativos de las bebidas energéticas afectan a la mitad de sus consumidores

Insomnio, náuseas e incluso convulsiones. Son algunos de los síntomas que jóvenes canadienses aseguran haber sufrido después de beber alguna bebida energética. Una encuesta realizada por la Universidad de Waterloo a más de 2.000 jóvenes de entre 12 y 24 años revela que los riesgos de estas bebidas para la salud son mayores de lo que pensábamos. Más de la mitad de los encuestados que dijeron haber probado alguna vez una bebida energética, experimentó algún efecto negativo en la salud.

«Ya teníamos estudios que advertían de los peligros del consumo de estas bebidas para la salud cardiovascular, pero esta encuesta confirma nuestras sospechas sobre los efectos que tienen en la salud», señala Paola Beltrán, vocal de la sección de riesgo vascular y rehabilitación cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Para Beltrán, una de las claves del riesgo de estas bebidas está en los ingredientes que contienen. «Suelen ser una combinación de muchos elementos, pero lo fundamental es que,

Además de una gran dosis de cafeína, estas bebidas también están cargadas de azúcar y de otros estimulantes.Paola Beltrán, Sociedad Española de Cardiología

Y solo la cafeína ya tiene un gran impacto en el sistema cardiovascular», señala Beltrán.

Al margen de los ingredientes, los autores del estudio señalan que los efectos adversos de estas bebidas también pueden deberse a la forma de consumirlas. «Muchos jóvenes las mezclan con alcohol y otros las utilizan para hacer deporte. Eso es una bomba», señala la doctora.

El alcohol tiene un efecto depresor en el sistema nervioso central. «Cuando uno se pasa de copas, el cuerpo envía una señal de alarma al cerebro para que paremos de beber», explica la cardióloga. Sin embargo, esa señal de alarma se inhibe al combinar el alcohol con altas dosis de cafeína. «Entonces se puede producir una intoxicación etílica con más facilidad», señala.

El deporte es otra historia

Para los que hacen deporte el riesgo es otro. «Las bebidas energéticas afectan al sistema que produce adrenalina. Al aumentar la adrenalina en el cuerpo también aumenta la presión arterial y las pulsaciones», explica la cardióloga. Si a esto se le suma el aumento de la actividad cardiovascular del ejercicio, se puede provocar una taquicardia maligna y una arritmia.

«Al hablar de los riesgos de estas bebidas se suele poner el foco en los jóvenes, porque son los que más las consumen, pero el peligro es para todo el mundo», señala la cardióloga. «Creo que lo más importante es desmitificar los efectos que prometen estas bebidas, como el aumento de la vitalidad o del rendimiento. La realidad es que estas bebidas son peligrosas porque están cargadas cafeína, de azúcar y de otras muchas cosas», añade Beltrán.

En Canadá, la legislación prohíbe que las bebidas energéticas se comercialicen para menores y no recomienda su consumo por personas que realizan actividades deportivas.

Para realizar el estudio, los investigadores de la Universidad de Waterloo hicieron una encuesta a 2.055 jóvenes de entre 12 y 24 años. De ellos, el 73,8% aseguró haber consumido alguna bebida energética a lo largo de su vida. Y de esos, el 55,4% declaró haber sufrido alguna efecto adverso en la salud.

De los que informaron haber tenido efectos adversos de salud, el 24,7% dijo haber experimentado taquicardia, el 24,1% aseguró sufrir insomnio y el 18,3% reportó dolores de cabeza. El 5,1% sufrió náuseas, vómitos o diarrea. Otro 5% necesitó atención médica; el 3,6% dijo que había tenido dolores en el pecho, y el 0,2% aseguró haber tenido convulsiones.

Bebidas energéticas y los ingredientes que nos ayudan a despertar

Imaginen un día de más de 24 horas para lograr hacer todas las actividades que deseamos, terminar el trabajo pendiente y además dormir bien. Ya sabemos que eso no es posible y por eso a veces nos resulta necesario darnos una ayudadita, por ejemplo, con bebidas energéticas.

Bebidas energéticas y los ingredientes que nos ayudan a despertar

Con 24 horas no alcanza el día para hacer todas las actividades que queremos, terminar el trabajo pendiente y además dormir bien. Como ya sabemos que eso no es posible, a veces nos resulta necesario darnos una ayudadita, por ejemplo, con bebidas energéticas.

Estos productos han estado envueltos en distintas polémicas por sus efectos; lo cierto es que nos pueden ayudar mucho en el momento de bajón, pero ¿qué ingredientes tienen para hacernos revivir? ¿qué tan benéfico es para el cuerpo a largo plazo?

Es importante saber, primero que nada, que las bebidas energéticas no son iguales a las bebidas deportivas.

Las segundas tienen entre sus componentes una cantidad importante de electrolitos que tienen la función de rehidratar y brindar al organismo los elementos que se pierden con el sudor.

Las bebidas energéticas, por otro lado, tienen ingredientes cuya función es poner al cuerpo en estado de alerta.

No se recomienda para nada tomar estas bebidas antes o durante hacemos ejercicio.

La elevada cantidad de carbohidratos en las bebidas energéticas dificulta la absorción de líquidos en el tracto intestinal y de este a la sangre, por lo que bloquean la rehidratación.

El elemento base de las bebidas energéticas es el agua carbonatada o mineral que se logra con dióxido de carbono.

Dependerá de la marca la proporción que encontraremos de cada nutriente; sin duda uno de los principales son los hidratos de carbono ya que su función principal es dar energía inmediata.

Cada lata tiene entre 18 y 25 gramos de carbohidratos y algunas marcas tienen más de 60 por porción de 240 mililitros. La glucosa, galactosa y fructosa son algunas de las azúcares que encontrarás en la lista de ingredientes.

Cuando la bebida es baja en calorías no quiere decir que no tenga carbohidratos. Lo que sucede es que se disminuye la proporción y se adicionan edulcorantes artificiales.

La cafeína es un estimulante del sistema nervioso central que de acuerdo a un informe del laboratorio Profeco inhibe la adenosina.

Este neurotransmisor es el encargado de la sensaciones de cansancio. También es responsable de potencializar la sensación de bienestar y concentración.

La cantidad máxima de cafeína en el organismo no debe exceder los 165 mg al día. Algunas marcas de bebidas energéticas tienen más de esta cantidad en una sola lata.

A las personas con problemas cardiacos se les limita el consumo porque puede ocasionar taquicardia.

La taurina es un aminoácido que se encuentra en el organismo de manera natural y también se encuentra en alimentos como el pescado, carne y leche.

En el cerebro tiene la función de la excitación neuronal y su cantidad máxima recomendada es de 40 a 400mg diarios.

Algunas de las bebidas energéticas rebasan estas cantidades. Sus efectos secundarios todavía son inciertos.

En México no existe alguna norma que regule esta sustancia en alimentos o bebidas por lo que la responsabilidad de no consumir más de la cantidad permitida recae en el consumidor.

El complejo B es el que se encuentra principalmente en estas bebidas. ¡Ojo! no por eso significa que sea un buen suplemento para ingerirla. En una dieta balanceada se pueden obtener y no hace falta utilizar suplementos.

Hay otra sustancia llamada inositol -también llamado vitamina B8, aunque en realidad no pertenece al complejo-. Entre sus funciones están reducir el colesterol y ayudar al tratamiento de la diabetes.

Entre los ingredientes de algunas bebidas energéticas está el guaraná, un arbusto amazónico con propiedades estimulantes. También sirve para aportar sabor.

El aminoácido que contiene este fruto se llama guaraninia y es más eficiente que la cafeína para ponernos en estado de alerta.

Un gramo de guaraná es equivalente al de 40mg de cafeína y su efecto es más prolongado.

El sodio y el potasio también se pueden encontrar en cantidades pequeñas y actúan como electrolitos.

Como quizás concluyes, todos los ingredientes de las bebidas energéticas son una bomba de estimulantes que pueden desequilibrarte.

Te recomendamos que tengas cuidado con las cantidades y la frecuencia con la que tomes estos productos.

Sabemos que a veces necesitamos esa inyección de energía para el último jalón del día pero no te excedas. Recuerda las cantidades máximas para el organismo y respétalas.

Las consecuencias negativas por pasar los límites de estas sustancias dependen de cada persona; en términos generales puedes sufrir taquicardia, aumento del estado de alerta y la actividad motora.

En casos más graves tendrás un aumento de la presión arterial y episodios de ansiedad.

Si padeces alguna enfermedad como hipertensión o diabetes, mejor consulta el consumo con tu médico.

Mezclar bebidas energéticas con alcohol tampoco es buena idea. Recuerda que uno tiene efectos relajantes y el otro estimulantes, por lo que puede haber un conflicto entre ambos.

Los peligros de las bebidas energéticas

Desde hace tiempo, la comunidad médica alerta de los riesgos para la salud del abuso de las bebidas energéticas y su alto contenido en cafeína y azúcar

Los peligros de las bebidas energéticas

Desde hace tiempo se viene alertando desde la comunidad médica de los riesgos para la salud del abuso de las bebidas energéticas, bebidas con alto contenido en cafeína que buscan elevar el estado de activación del sistema simpático, el encargado de aumentar la frecuencia cardiaca o el estado de atención.

Hace unos años la Oficina Regional para Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que utiliza las cifras de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), publicaba un informe que señalaba que, al menos, un 30% de adultos, un 68% de adolescentes y un 18% de niños menores de diez años consumen bebidas energéticas.

red bull alcohol

En dicho informe se advertía de que las bebidas energéticas pueden provocar un problema potencial de salud pública en el futuro, especialmente entre la población más joven. Así, la recomendación pasa por un consumo moderado, evitar combinarlas con alcohol -u otros excitantes-, y que niños y grupos vulnerables se abstuvieran de tomarlas.

bebidas isotónicas

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria también recuerda que desde 2011 no está permitido que los fabricantes de estas bebidas les atribuyan la capacidad de mejorar el rendimiento mental, el tiempo de reacción, la alerta o la memoria. Sin embargo, su publicidad sigue insinuando que beberte una de estas bebidas ayuda a ‘energizar’ a sus consumidores. Cuando, ciertamente, lo único que hacen es aumentar nuestro riesgo de sufrir diversos trastornos por su exceso de azúcar y cafeína.

Cabe también destacar que actualmente muchas personas siguen confundiendo las bebidas isotónicas para deportistas con las energéticas. Como bien indican en Bon Viveur, las isotónicas son bebidas “compuestas esencialmente por agua y compuestos, en bajas dosis, como el sodio, normalmente en forma de cloruro de sodio o bicarbonato sódico, glucosa o azúcar, así como potasio. Sustancias que tomadas en conjunto o por separado, en las proporciones adecuadas, ayudan a la absorción del agua de una forma más rápida y eficiente”.

A ellas, y según la marca concreta de bebida rehidratante, se suman minerales, sustancias como el magnesio, el calcio o los aminoácidos, así como vitaminas, básicamente la C y el grupo B.

“En ningún caso, de ningún modo, podemos confundir esta clase de bebidas que mejoran nuestro estado físico con las bebidas llamadas energéticas. No son lo mismo. Estas, de hecho, son desaconsejadas en determinadas circunstancias y su consumo debe realizarse con responsabilidad conociendo su composición, ya que la alta presencia de azúcar o cafeína puede suponer un problema”, añaden en esta web especializada.

Ese plus de cafeína se lo aporta la taurina, un aminoácido que nuestro cuerpo fabrica por sí mismo y al que la EFSA prohíbe acompañar de declaraciones de salud.

Energy-Drinks bebidas energéticas

Problemas en jóvenes y niños

Hasta ahora se ha mostrado que las bebidas energéticas pueden elevar la presión arterial a jóvenes sanos –público diana de sus estrategias de marketing-, aumentando así el riesgo a padecer eventos cardiovasculares; asimismo se ha asociado con modificaciones de la conducta y alteraciones en las capacidades cognitivas en jóvenes que han ingerido grandes cantidades de estas bebidas.

Además, un estudio reciente dirigido por investigadores del Centro Médico David Grant de la Universidad del Pacífico, en Perú, se suma a la evidencia de que las bebidas energéticas pueden ser malas para el corazón. “Nuestros hallazgos sugieren que ciertas bebidas energéticas pueden aumentar el riesgo de tener un ritmo cardiaco anormal cuando se consumen en grandes volúmenes», tal y como afirma el investigador principal, Sachin A Shah, profesor asociado de práctica farmacéutica en la Escuela Thomas J. Long de Farmacia y Ciencias de la Salud del Pacífico. Tampoco podemos olvidar que estas bebidas se consumen ampliamente dentro de la población universitaria, especialmente en época de exámenes.

En resumen, consumir bebidas energéticas de manera descontrolada no es una buena idea para nuestra salud. Una lata común puede tener hasta 20 cucharaditas de azúcar, con los problemas que ello genera. Además, su alto índice de cafeína puede producirnos alteraciones en el sueño y en la tensión arterial, así como palpitaciones cardíacas o náuseas. Pero, sin duda, lo más peligroso es que estas bebidas, comúnmente, se combinan con alcohol, pues las bebidas energéticas enmascaran los efectos del alcohol sobre el sistema nervioso central. Por ende, quien mezcla alcohol con estas bebidas es tres veces más propenso a beber excesivamente, lo que puede acarrear una intoxicación etílica.

referencia:
beatrizrobles.com
juliobasulto.com
www.huffingtonpost.es
www.animalgourmet.com
www.republica.com

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