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La Cuenca sefardí: convivencia, restricciones, esplendor y persecución

La Cuenca sefardí: convivencia, restricciones, esplendor y persecución

Ya con la cultura musulmana, los judíos tenían restricciones en la ciudad. Tras la conquista cristiana crecieron en número hasta su expulsión a finales del siglo XV

La Cuenca sefardí: convivencia, restricciones, esplendor y persecución

Los hebreos han sido un pueblo que fue perseguido desde la Antigüedad. A pesar de sus aportaciones allá donde se han asentado, de su trabajo, que en muchos casos hicieron que aquellos lugares avanzaran y se desarrollaran, siempre estuvieron sometidos a normas y reglas de discriminación. Fueron grandes financieros que incluso ayudaron a la monarquía, un pueblo con fuertes convicciones y creencias, que al ser distintas a las impuestas, motivó que fueran apresados y juzgados. Conversión o expulsión, en estas dos palabras se definen las opciones que se les dieron. Hubo judíos en Cuenca, pero ¿cómo fue su paso por la ciudad? Lo contamos en el espacio Misterios Conquenses con Sheila Gutiérrez y Miguel Linares, como todos los martes en Hoy por Hoy Cuenca.

‘Misterios Conquenses’ en Hoy por Hoy Cuenca./ Paco Auñón

Comenzaremos empatizando con la sociedad judía. Estamos describiendo a un pueblo que siempre ha estado huyendo, siendo expulsados de los lugares en los que se asentaban en muchas ocasiones, acostumbrados a vivir errantes, siempre de un lado a otro. La primera vez que huyeron fue en el momento que fueron expulsados de la Tierra Prometida como se nos indica en la Biblia.

Pero hubo otra época en la que el pueblo judío fue duramente perseguido, la época romano-visigoda, y el motivo no era otro que considerarlos únicos culpables de la muerte de Jesús de Nazaret. Por este motivo los llamaban el pueblo deicida, palabra que tiene su origen en el término Deicidio que proviene del latín, una expresión que hace referencia al acto, a la acción de matar a un Dios o una divinidad.

El documento más antiguo que cita la presencia de judíos en Cuenca y su provincia lo encontramos en las Actas del Concilio de Elvira, en el siglo IV.

En él se hace referencia a la ciudad de Segóbriga, que por aquel entonces era la cabeza episcopal visigoda. Pero la presencia en todo significado no la encontramos datada hasta finales del siglo XII y principios del XIII, momento en el que se produjo la conquista cristiana, lo que motivó la repoblación y el nacimiento de nuevas ciudades.

Estaremos pensando que por fin el pueblo judío había encontrado un lugar donde asentarse y ser útiles, pero nada más lejos de la realidad, ya que Cuenca cuando la reconquista no llegaba y aún se encontraba en dominio musulmán, dejaron muy claro que, si querían quedarse, deberían aceptar unas normas muy específicas dispuestas por la autoridad municipal.

Entre otras encontramos las que se les obligaba a todos los judíos, sin ningún tipo de excepción, a usar trajes que les identifiquen, pioneros en esta norma ya que sería repetida en la época de mayor genocidio de la historia.

Portada del libro ‘Guía de la Judería de Cuenca’ del escritor conquense Miguel Romero, publicado en 2019 por la Editorial Alfonsípolis./ Cadena SER

Tenían totalmente prohibido utilizar caballos o montarlos, tampoco podían recitar oraciones en voz alta y los lugares utilizados para su creencia debía tener un espacio, y no hablamos sólo de sus sinagogas, sino también de sus casas. Incluso existían restricciones para usar los baños: los hombres vayan al baño público los martes, jueves y sábado. Las mujeres vayan el lunes y .miércoles. Los judíos, el viernes y el domingo…

Sí tenían libertad de movimientos, de adquisición de propiedades y de tener una representación de la comunidad judía dentro de las autoridades musulmanas, eso sí, en la mayoría de los casos elegidos al antojo de los musulmanes más distinguidos y respetados.

Sin olvidarnos que cada uno estaría en lugares diferentes de la ciudad de Cuenca, divididos y separados por una muralla y una puerta, la llamada puerta de los Judíos único lugar de acceso. Durante los siglos X y XI, la minoría judía ocupó la llamada zona de Zapatería Vieja, Alcaicería, Concejo Viejo y Pellejería.

En Cuenca, a la llegada de Alfonso VIII a finales del siglo XII, los judíos se asentaban próximos al llamado barrio del Alcázar, actualmente Mangana. No sobrepasarían las veinticinco familias, en total serían unos 100 judíos aproximadamente, aunque posteriormente esta cifra aumentó considerablemente.

Pero hemos dicho que era un pueblo fuerte, que siempre resurgía de sus cenizas, acostumbrado a sobrevivir en las situaciones más adversas. Grandes artesanos, recolectores y agricultores, pero donde más destacaban era por ser buenos pagadores de impuestos, y gracias a su trabajo continuado, eran como hormiguitas, fueron grandes ahorradores, lo que les hizo ser un gran apoyo económico a la cuidad. Se dedicaban a prestar a la sociedad, subvencionando incluso a los reyes cristianos para reconquistar y repoblar los lugares dominados por Al-Ándalus.

Era un pueblo a seguir, motivo por el que comenzaron a creer que su popularidad y avance, se convertiría un gran problema. Una mezcla de creencias amenazaba. El sistema se resquebrajaba, su aportación a la ciudad era tal que se les estaba yendo de las manos, pero no sólo en Cuenca, era algo extendido a otras ciudades y provincias donde el pueblo judío se había asentado.

Así que solo les quedaba tomar dos decisiones de gran relevancia, una era la expulsión de España de todos los judíos, que se hizo efectiva el 31 de Marzo de 1492, y la segunda opción, que todo aquel que quisiera seguir dentro del país debería convertirse al Cristianismo. Decisión que se les volvió en contra, algunos judíos decidieron tomar aquella opción, a vista de que todos serían nuevos cristianos, incluso dándoles nuevos nombres, pero en la privacidad seguirían practicando sus religión.

Nos vamos a centrar en Cuenca, unos de los que ejecutaron esas persecuciones no podían ser otro que el Santo Oficio. La aplastante Inquisición, quien no sólo perseguía a las brujas sino también a quienes no pasaban por su aro religioso.

En Cuenca, 700 judíos fueron procesados por la Inquisición, se sabe que mucho empeño pusieron en quemar, traspapelar y falsificar, no sólo testimonios que los declaraban inocentes.

También lo hicieron con documentos oficiales, donde la identidad nueva y pruebas sobre su inocencia quedaban reducidas a cenizas. Fueron juicios en los que no sólo se les llevó a al exilio, sino también a la muerte, casi todos a la horca.

Uno de sus estrategias era no sólo la de sacrilegio, sino también la de practicar la brujería, y hechicería. Los judíos medievales destacaron en el ejercicio de la medicina y en el conocimiento de hierbas curativas, motivo que les llevaba a estas acusaciones.

Fueron acusados desde niños hasta ancianos, a quienes se les dictaminó en muchos casos tormento, la «garrucha», la «toca» y el «potro» donde la muerte era el aplastamiento, ahogamiento, con el fin de torturarles, quizá sacarles alguna confesión y poder expiar sus pecados. Como ejemplo os vamos a resumir el caso del cura Pedro López quien pertenecía a la ya desparecida Iglesia de Salvador.

Corría el año 1489 en la ciudad de Cuenca, quien fue acusado por el Santo Oficio de, los sábados, vestir camisas limpias, como si celebrara algo, que durante la celebración de la misa no pronunciaba algunas palabras y que incluso sustituía la hostia consagrada por una capa de cebolla. Que en la privacidad se despojaba de cualquier símbolo cristiano, los tiraba encima de su cama y que incluso se presentaba desnudo ante el altar.

Todas estas acusaciones fueron confirmadas por Inés de Navarra, su manceba, su amante en la sombra, a lo que añadió que, cuando el cura vivía en la cal de los pescadores hacía unos doce años, recibía la visita de una ramera y un sábado cuando se encontraba con unos amigos, esta manceba no tenía comida para todos, por lo que comieron lechón y huevos, saltándose las prohibiciones culinarias eclesiásticas.

Aunque hubo algunos testimonios a su favor, en los que destacaban su devoción y sus problemas de salud lo que le llevaría a comer cosas no permitidas, no fueron suficientes y el veredicto se dictó el 15 de octubre de 1590 en el que sufriría tormento de agua, suspendido de todo oficio y recluido en una cárcel de por vida en un monasterio donde cumplir su pena.

referencia:
cadenaser.com

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