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Sánchez es el segundo presidente que más gasta en publicidad después de Zapatero con 158 millones

Sánchez es el segundo presidente que más gasta en publicidad después de Zapatero con 158 millones

Javier Cárdenas habla en Levántate OK sobre el presupuesto de propaganda del Gobierno de Pedro Sánchez, el segundo más alto.

Sánchez es el segundo presidente que más gasta en publicidad después de Zapatero con 158 millones

Javier Cárdenas habla en Levántate OK sobre el presupuesto de propaganda del Gobierno de Pedro Sánchez. Y es que, se ha convertido en el segundo presidente que más gasta en publicidad para sí mismo tras José Luis Rodríguez Zapatero. Algo muy propio de dictaduras como Venezuela, Cuba o Rusia, donde se gastan auténticas morteradas en propaganda.

El gasto del Ejecutivo socialcomunista supone un 124% más de propaganda. Cuando Pedro Sánchez llegó a Moncloa, manejaba un presupuesto de 70 millones de euros al año en publicidad oficial, hoy más de 158 millones de euros, el mayor gasto en 14 años. Sólo ha sido superado por Zapatero, que es la persona que más ha gastado en publicidad institucional en la historia democrática de España. Fue en el año 2007, cuando empezó la gran crisis económica, cuando gastó 268 millones de euros en propaganda. Poco le importa también a Sánchez la situación económica del país, pues está gastando 35 millones más, llegando a los casi 158 millones.

Hay que decir que Irene Montero tiene un presupuesto de 20 millones de euros para propaganda, el segundo más alto sólo superado por los 36 millones de euros que tiene Nadia Calviño y asuntos económicos. Irene Montero, por ejemplo, en los siete días que duró la semana LGTBI, se gastó un millón de euros en publicidad. Estamos hablando de tirar dinero, de buscar favores a cambio de inundar de publicidad algunos medios de comunicación y, a cambio, que les sean afines.

Sánchez aprueba el mayor presupuesto de publicidad institucional desde la era Zapatero

El Consejo de Ministros de este martes ha aprobado por sorpresa el Plan de Publicidad y Comunicación Institucional de 2022, dotado con la friolera

Sánchez aprueba el mayor presupuesto de publicidad institucional desde la era Zapatero

El Consejo de Ministros de este martes ha aprobado por sorpresa el Plan de Publicidad y Comunicación Institucional de 2022, dotado con la friolera de 158,34 millones de euros. Un montante que no solo es más del doble que los 66 millones de euros que se gastaron en 2020 en plena pandemia, sino que se trata del mayor gasto para esta partida en más de 14 años, según los datos a los que ha tenido acceso THE OBJECTIVE.

Este Plan de Comunicacion y Publicidad Institucional es el dinero que la Administración Central se gasta en campañas publicitarias como las de la DGT, la igualdad de la mujer y la de la Renta. Es el dinero que el Estado paga a los medios para publicitarse y siempre suele ser cuestionado porque su reparto se hace con criterios poco claros y apostando por medios que suelen están más vinculados al Gobierno de turno.

En el caso de la importante inversión para 2022, para remontarnos a un montante superior debemos viajar al año 2008, al comienzo de la segunda legislatura del también socialista José Luis Rodríguez Zapatero cuando se invirtieron 187,2 millones de euros.

De hecho, la legislatura de Zapatero quedó en la historia como la que más invirtió en publicidad institucional. Luego vino la crisis económica y Mariano Rajoy redujo considerablemente este presupuesto hasta un mínimo de 33 millones de euros durante el año 2013.

Una austeridad que Pedro Sánchez mantuvo en sus primeros años en el Gobierno, invirtiendo 62 millones en 2019 y 66 millones en 2020. Incluso por debajo de los 70 millones que Rajoy destinó en 2017 y 2018.

Sin embargo, desde el año pasado la inversión se ha disparado. Primero hasta los 123 millones en 2021 y los 158 millones este 2022, un 28,4% más. Una alza que se sumó al 86% que creció entre 2020 y 2021. Incremento que el Ejecutivo justificó en la retirada de partidas para hacer frente a la crisis sanitaria.

Este 2022 y según informa el Gobierno en la referencia del Consejo de Ministros, el montante se destinará a 167 campañas institucionales a lo largo de este año «con el objetivo de difundir información relevante para toda la ciudadanía».

Durante el año 2022, el objetivo más buscado de entre los previstos por la Ley 29/2005 de publicidad institucional será el de anunciar medidas preventivas de riesgos, o que contribuyan a la eliminación de daños de cualquier naturaleza para la salud de las personas o para el patrimonio natural, puesto que este es el principal propósito de 66 de las 167 campañas previstas, que suponen un 39,5% del total.

En términos de presupuesto, el objetivo más buscado es el de comunicar programas y actuaciones públicas de relevancia e interés social, que corresponde al 42,16% de la inversión del plan en 2022.

En cuanto a las prioridades en las que se centra la actividad divulgativa de la Administración General del Estado para el presente año, un 42,68% del importe total previsto se destina a la difusión de mensajes sobre derechos y deberes de los ciudadanos, y un 27% se centra en la prioridad de promoción de hábitos saludables y seguros para la ciudadanía, y el cuidado de su entorno.

El Gobierno gastará 92 millones más que en 2020 en publicidad para cuidar a los medios

El año en que Pedro Sánchez llegó a Moncloa, 2018, el Gobierno gastó 71,56 millones de euros en la realización de campañas de publicidad institucional. Un año

El Gobierno gastará 92 millones más que en 2020 en publicidad para cuidar a los medios

El año en que Pedro Sánchez llegó a Moncloa, 2018, el Gobierno gastó 71,56 millones de euros en la realización de campañas de publicidad institucional. Un año después, esa cantidad se redujo hasta los 62 millones de euros; y, desde entonces, el gasto ha escalado de forma muy significativa. En 2022, será de 158 millones de euros.

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La inversión será sensiblemente mayor que en 2021, cuando el Ejecutivo destinó 123 millones a este fin. Este dinero se distribuirá en un total de 167 campañas ministeriales; es decir, una menos que el año pasado.

Esta cantidad se distribuirá -como en años anteriores- entre los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) y las nuevas plataformas de comunicación (redes sociales, entre otras). Todo ello, en un 2022 en el que se celebrarán varios procesos electorales en España.

Según ha especificado Moncloa, 66 de las 167 campañas se destinarán a la prevención de riesgos, así como a a informar a los ciudadanos sobre las medidas necesarias para «la eliminación de daños de cualquier naturaleza para la salud de las personas o para el patrimonio natural«.

A falta de conocer la forma exacta en la que se distribuirán estos fondos, cabe recordar que el ministerio que más fondos destinó a la publicidad institucional durante 2021 fue el de Agricultura, Pesca y Alimentación, con 23,3 millones de euros; seguido del de Transición Ecológica (16,3), el de Sanidad (14,4) y el de Igualdad (13,8).

De entre los ministerios de Unidas Podemos, el de Igualdad fue el que más fondos recibió. De hecho, dedicó una partida de seis millones de euros -según los registros públicos- a “sensibilizar y concienciar sobre las diferentes formas de violencia contra las mujeres”. El de Asuntos Sociales y Agenda 2030 invirtió  3,6 millones de euros en una campaña titulada: Un país que siempre se levanta, agenda 2030.

La campaña de Sanidad sobre la sensibilización acerca del covid-19 tuvo un presupuesto de 10,8 millones, mientras que la de Seguridad Vial, de 9,9; y la relacionada con la declaración de la renta, de 9 millones de euros.

De entre las campañas comerciales que no estuvieron sujetas a la ley 29/2005 destacó la de Sociedad Pública de Loterías y Apuestas del Estado, que contó con 56,6 millones de euros para anunciar sus productos.

Estas campañas no se incluyen en el plan principal de los ministerios porque son de carácter industrial, comercial y mercantil; y están relacionadas con diversas sociedades públicas.

El PP ya tiene estrategia: «Sánchez es el Zapatero de 2011» por Luis Arroyo

Luis Arroyo

Como los dirigentes del PP aman a España casi tanto como los de Vox y, por supuesto, mucho más que los vendepatrias del resto de los partidos (los vivos, quiero decir, no me refería a Ciudadanos), estarán deseando que los pronósticos económicos más pesimistas no se cumplan. Pero como los dirigentes del PP, además de amar al país, también quieren hacerse con su Gobierno, quizá no les importe mucho que el otoño sea tan negro como muchos analistas anticipan.

Esta semana hemos empezado a escuchar del mismo Gobierno socialista (el presidente y las dos vicepresidentas), que tras el verano festivo y hedonista, con la llegada del frío y de continuar la sequía en el Sur, podrían venir meses de alta inflación y de escasez energética. El escenario podría conllevar incómodas restricciones en el uso de la electricidad y de los combustibles. En tales circunstancias, ya se sabe, de poco sirve atribuir el origen a una ya casi cronificada guerra en Ucrania o a las autoridades europeas. El primer “culpable” de esas penurias ciudadanas será siempre en primer lugar el presidente del Gobierno. La situación económica es a menudo el mejor predictor de un resultado electoral.

De modo que los populares están ya salivando su nuevo relato, en realidad reciclado de aquel que se armó entre 2008 y 2011, cuando gobernaba Zapatero y lideraba la oposición Rajoy. El martes ya lo anunció Feijóo en su primera intervención en el Congreso de los Diputados desde que lidera el PP: «Nos dirigimos, todavía con mayor intensidad, a una profundísima crisis económica. (…) Mientras, el Gobierno niega las evidencias y mira hacia otro lado, tal como hizo el gobierno socialista en el año 2007″.

Pues eso: un sueño que Feijóo, ese moderado patriota, quisiera ver cumplido: el presidente socialista primero niega la crisis económica y luego es incapaz de resolverla. Se producen recortes intolerables, que afectan sobre todo a los más pobres y vulnerables. Y tiene que venir el PP para salvar al España del desastre socialista. Es el sueño de Feijóo ahora: de cumplirse ese sueño tan poco edificante para el país, como Rajoy en noviembre de 2011, el PP ganaría las elecciones generales de finales de 2023 y se instalaría en Moncloa. La secuencia del desastre en la cabeza de los dirigentes de las derechas vendría a ser así. Primero, el Gobierno sigue instalado en un discurso demasiado optimista, incluso triunfalista. Segundo, llegan el otoño y el invierno frío, trágicos y restrictivos. Tercero, el Gobierno, enfrentado además con sus socios “comunistas”, que necesitan ya marcar su perfil propio, es incapaz de aprobar los presupuestos o tiene que confiar su aprobación a “ETA y los separatistas catalanes”. Cuarto, los socialistas pierden algunas comunidades autónomas y algunos ayuntamientos relevantes y son incapaces de ganar ninguna plaza señera. Quinto, la Presidencia española de la Unión Europa no aporta suficiente fuerza a Sánchez y los socialistas pierden las elecciones generales y no son capaces de sumar con una izquierda que tiene hoy por hoy un futuro muy incierto. 

Karl Rove, el que fuera fontanero jefe de George Bush, decía que los votantes sólo se hacen tres preguntas al elegir a su presidente: “¿Es un líder fuerte? ¿Puedo fiarme de él? ¿Se preocupa de la gente como yo?

Ese es el plan. Pero nada garantiza que se cumpla. Porque el Gobierno, con Zapatero y su respuesta a la crisis financiera en la memoria, podría manejar las expectativas mejor que él, e ir advirtiendo, sin catastrofismo y sin ingenuidad, de lo que podría venir. Tendría consecuencias nefastas que, de tener que promoverse, las restricciones llegaran a los ciudadanos por sorpresa y sin anestesia, como llegaron los anuncios de recortes del presidente Zapatero en aquella comparecencia parlamentaria de julio de 2010 de triste recuerdo: la que terminó con aquel íntimo reconocimiento sacrificial: “Tomaré las decisiones que España necesita aunque sean difíciles. Voy a seguir ese camino cueste lo cueste y me cueste lo que me cueste”.

La situación, por otro lado, no es necesariamente asimilable. Es más que probable que esta crisis, de llegar, sea mucho menor que aquella. Y que la Unión Europea actúe con mayor solidaridad, como ha actuado en la crisis sanitaria y con respecto de la invasión rusa de Ucrania. Y también es muy probable, y sería un acierto indiscutible, que de ser necesarias restricciones a la ciudadanía, estas se condujeran con criterios de equidad y de protección a los más vulnerables.

Sí, es cierto que la situación económica determina en gran parte la reelección de los presidentes y primeros ministros en cualquier lugar del mundo, pero también es verdad que las crisis son momentos cruciales que ponen a prueba la autoridad, la confianza y la empatía de los líderes. Karl Rove, el que fuera fontanero jefe de George Bush, decía que los votantes sólo se hacen tres preguntas al elegir a su presidente: “¿Es un líder fuerte? ¿Puedo fiarme de él? ¿Se preocupa de la gente como yo?”. Que las circunstancias nos protejan, por el bien de todas y todos los españoles, incluidos los dirigentes y votantes de las derechas. Pero de venir la crisis, el presidente Sánchez tendrá una buena ocasión para preparar al país y para animarnos a responder “sí” a las tres preguntas.

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Sánchez es el segundo presidente que más gasta en publicidad después de Zapatero con 158 millones

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